Ayer estaba viendo el candidato por el Partido independentista Puertorriqueño a la alcaldía de San Juan, Luis Roberto Piñero en el programa televisivo A Calzón Quita’o. Parece un joven profesional, inteligente y exitoso. Tal vez tiene todo lo que se debería buscar en político. Pero no tiene ninguna posibilidad de triunfo, y él lo sabe.
Como él, en el PIP, hay cientos. Cada cuatrienio pipiolos y piolas sacan de su tiempo y esfuerzo para adelantar una candidatura predestinada a la derrota. Apenas poco menos de 80 logran ser electos (entre legisladores municipales y nacionales).
¿Y por qué lo hacen? Yo creo que sí tienen razón cuando dicen que quien milita y se postula por el PIP lo hace por algo que va más allá de una posición de poder, o fama. Es una voluntad altruista lo que los guía, a diferencia de lo que guía a la mayoría de los candidatos de otros partidos.
El gran PERO
Sin embargo: ¡Qué bueno sería sin los líderes del PIP dejaran de recalcárselo a los demás! Realmente es un acto súper arrogante de parte de líderes como Juan Dalmau el estar cortantemente repitiendo que ellos son los de la vergüenza, la moral, la dignidad, el sacrificio, la verticalidad, etc. No hay una forma más efectiva de caerle requete mal a la gente de forma instantánea que recitar la lista de cualidades que te hacen mejor que el resto de la humanidad. Ni aún siendo verdad, uno debe posicionarse como mejor que nadie. ¿Para qué? ¿Vas a ganar la buena voluntad de la gente haciéndolos sentir inferior? ¿Vas a ser electo por eso? ¿Adelantas tu ideal así?
Yo creo que cada político debe demostrar sus cualidades con sus actos, pero jamás con su lengua.