Ha habido un cambio grande en el discurso del Partido Nuevo Progresista en los últimos años. Desde la alta maquinaria, hasta muchos de sus militantes de barrios, se nota el cambio en la retórica.
Ejemplifiquemos ésto con dos discursos imaginarios:
El viejo estadista
Si no fuera por los americanos, nos moririamos de hambre, por que Puerto Rico no vale na”. Por eso hay que ser agradecidos, y votar por la estadidad para asegurar nuestro futuro, ya que los pobres podrán tener más ayudas del gobierno federal. El voto por la estadidad es importante para llevar un mensaje a Estados Unidos de que nosotros los queremos y estamos agradecidos.
El nuevo estadista
Puerto Rico es una colonia, y ser una colonia no es digno. Estados Unidos ha tratado a la Isla de forma imperialista por los últimos 100 años, y están violando con éso las leyes internacionales y nuestros derechos civiles como ciudadanos americanos. Hay que votar por la estadidad para exigir lo que por derecho nos pertenece: la igualdad. La colonia es una falta de respeto, y está bueno ya.
Comentario:
Según lo percibo, en este cambio ha tenido mucho que ver el presidente del partido, Pedro Rosselló. Acabo de leer su libro El Triunvirato del Terror (el cual voy a reseñar pronto), y realmente el texto está muy lejos del típico estadista agradecido y anti-puertorriqueño que Sunshine Logroño parodia a través de su personaje don Eleuterio. El Triunvirato del Terror es un texto de denuncia y protesta. Y así se ha convertido una parte importante de la retórica estadista; han cambiado las suplicas y las gracias por exigencias de respeto.
Me parece que el Partido Nuevo Progresista ha dado un paso muy importante en este cambio. La estrategia del viejo estadista muchas veces era denigrar todo lo que fuera puertorriqueño para evitar sentimientos nacionalistas y así volcar la opinión hacia la estadidad. Pero, personalmente, me cuesta sentir respeto por quien se menosprecia a sí mismo, y menos si es para endiosar y sobre alabar a otro pueblo. Ahora la estrategia es otra; es denunciar la colonia, denunciar la falta de democracia y derechos civiles, recalcar la hipocresía imperialista estadounidense, y exigir la igualdad política y civil que, según ellos, merece cada ciudadano estadounidense.
Este discurso sí merece respeto. Muy buena movida.