Que los hijos no hereden alcaldías
Irene Garzón Fernández
24 de noviembre de 2007José Carlos Aponte Dalmau no podría haber sido alcalde de Carolina, ni Jesús E. Colón Berlingeri lo sería de Orocovis, de haber estado vigente legislación que propulsa el senador fortuñista Roberto Arango.
El Proyecto del Senado 2268, presentado por Arango, propone enmiendas a la Ley 81 de Municipios Autónomos de 1991, para impedir que el hijo de un alcalde le suceda a su muerte.
Ése es el efecto inmediato del proyecto que dispone que “en caso de una vacante en el cargo de Alcalde ocasionada por muerte, destitución, incapacidad total o permanente o por cualquier otra causa, ningún pariente dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad del Alcalde que ocasiona la vacante, ni el funcionario a cargo de las finanzas del municipio, ni el auditor interno, podrá ocupar dicha vacante de alcalde”.
Esta propuesta sería mejor requiriera una elección abierta para elegir al nuevo alcalde. Porque ahora mismo renuncia uno, y quien lo escoge es el comité municipal de su partido, cuando el que renunció era el alcalde de todos y fue electo gracias a los votos de todos, y por lo tanto todos deberíamos tener derecho a elegir su sustituto. Pero sería aún mejor la propuesta si incluyera a los legisladores, para que así ninguno de estos renuncie para cederle su puesto dedocráticamente a alguien que no fue electo y quiera una silla en El Capitolio por puro capricho dictatorial.