Dicen que las palabras son poderosas; guardan poder en ellas. Por eso cuando alguien se apropia de las palabras de un adversario, en cierto sentido lo que hace es invadir un terreno simbólico y quitarle poder a ese contrincante. Y dentro de esta apropiación, la característica más importante es la integración del significante (las letras, el sonido, la cosa) y el rechazo o cambio del significado tradicional. El otorgarle un nuevo significado a un significante “robado” es el sello de la conquista de esta incursión.

Eso trató de hacer recientemente el gobernador Aníbal Acevedo Vilá con la palabra “soberanía”. En la celebración del aniversario del Estado Libre Asociado de este año, Acevedo Vilá declaró que este sistema político debe dirigirse hacia la “soberanía”. Luego de una lluvia de reacciones, el gobernador se ha reafirmado públicamente en su condición de estadolibrista soberanista, con una aclaración de que su “soberanía” es un tanto diferente a la que se conoce tradicionalmente en el país.

Mi visión de soberanía, de dónde debe estar fundamentado el desarrollo del Estado Libre Asociado, no es otra cosa que los poderes plenarios los tenga el pueblo de Puerto Rico, que eso nos lleve a un acuerdo de autonomía con los Estados Unidos donde por mutuo acuerdo determinemos qué poderes nosotros le reconocemos que pueden ejercer en Puerto Rico y con el elemento de la ciudadanía Americana.

La pasada cita directa sacada el periódico Claridad refleja la ambigüedad de un líder que quiere conquistar un significante ajeno a su vocabulario sin tener que aceptar el significado que lleva en sí. Por eso el argumento hueco de que de la soberanía reside en “el pueblo” y no en Dios, los reyes o el Estado.

Pero el Gobernador, a pesar de su astucia política, tropieza con sus propias palabras:

No te voy a negar, si Estados Unidos decidió que no tiene relaciones económicas con un país, te tengo que admitir como estadolibrista, aún en esa visión de desarrollo del ELA, me parece que sería ya decir que queremos ser república si yo quiero entonces tener una relación económica particular con un país con quien Estados Unidos decidió no hacerlo.

¿Cómo, dentro de su visión, Aníbal Acevedo Vilá logra armonizar su deseo de que la soberanía resida “en el pueblo de Puerto Rico” con su satisfacción con que Estados Unidos decida con quien se debe negociar, tomando en cuanta que ese “pueblo de Puerto Rico” no tendría ningún recursos político (congresistas, senadores, voto presidencial, soberanía nacional, etc) para influir en ese proceso de toma de decisiones? ¿Cómo puede residir la soberanía “en el pueblo de Puerto Rico” y a la misma vez que ese pueblo no tenga la más mínima participación en ese ejercicio de la soberanía?

No obstante, estas contradicciones tienen una importancia secundaria para este político. Lo relevante aquí es lograr apropiarse de la palabra, para ser reconocido como “soberanista” por los independentista que tienen esperanzas en adelantar su concepto de soberanía por medio del Partido Popular Democrático, y a la misma vez arrancar aplausos y ovaciones al influyente grupo de líderes populares que también creen sinceramente en la soberanía del país.