Hace poco estaba viendo una entrevista que le hiciera Rubén Sanchez al ex baloncelista y ahora aspirante a senador José “Piculín” Ortíz en el programa televisivo A Calzón Quita’o. Sánchez le pidió una reacción a Piculín sobre el alegato de un senador estadista que decía lo que él (Picu) hablaba en los medios no tenía sustancia.

Piculín se molestó. Se defendió. Subió el tono de voz, utilizó silencios para dramatizar su coraje, y pidió respeto. 25 minutos más tardes, después de una serie de frases como “vengo a trabajar”, “hay espacio para mejorar” o “San Juan puede estar mejor”, hay que decirlo: no hay sustancia.

José “Piculín” Ortiz parece un hombre con muchas buenas intenciones. Pero poco o ningún conocimiento de trabajo parlamentario, poco o ningún conocimiento de estrategias políticas, poco o ningún conocimiento del potencial del cargo al cual aspira, poco o ningún conocimiento…de muchas cosas.

Y esto es muy peligroso. Para analizar el impacto de este tipo de candidato, habría que señalar al padrino político del ex centro de nuestro equipo nacional: Ferdinand Pérez, el candidato del Partido Popular Democrático (PPD) a la alcaldía de San Juan. Para Ferdinand, Piculin es el candidato perfecto; es altamente conocido, goza de una gran popularidad y, sobre todo, parece estar en blanco. Un candidato en blanco, con muchas buenas intenciones pero nulos conocimiento, parece ser fácilmente manipulable por aquellas personas que logren ejercer una buena influencia sobre él, y con la decisión de Piculín de aceptar la invitación de Ferdinad, se comprueba la gran influencia que ejerce el último sobre el primero. El objetivo de Ferdinand parece claro: quiere una marioneta en el Senado.

Pero Piculín dice que es un hombre fajón, disciplinado, que se reinventa ante cada nueva situación, que sabe lo que quiere y si no lo sabe lo aprende. Hay que ver si esta gran determinación que muestra logra evitar que se convierta en una mera ficha manipulable en el tablero de Ferdinand Pérez.