En Salinas, donde vivo, ya comenzó la pasarela de “tumba cocos”, esas guaguas alquiladas que pasan por las calles con un audio a todo volumen que intenta vendernos la idea de que tal o cual político es el Mesías que tanto se ha esperado. Los “jingles” que lleva muchas veces son pegajosos, pero lo más interesante de las campañas municipales son las caminatas de zombies.
En estas caminatas políticas uno puede encontrar mayormente gente pobre, marginada y desesperada caminando por un poco de estabilidad económica. Un trabajo en el municipio, una conexión en la Autoridad de Energía Eléctrica, una ayudita… y es que posiblemente sea la única forma de conseguir un buen empleo para personas así, y más en tiempos de crisis.
Así trabajan estas campañas, los más pobres de cada tribu caminan tras un líder que promete llevarlos a una tierra prometida. Estos caminantes posiblemente se estén jugando su última carta antes de emigrar, rendirse o hacer algo drástico (como ingresar al ejército en plena guerra). Cada caminata de las tardes es una inversión en una gran apuesta que si les sale bien, y el líder cumple, puede asegurarle un buen empleo estable y permanente en algún batatal gubernamental. Tú caminas y votas, y yo te recompenso. Esa es la transacción. La política partidista puertorriqueña no es tan idealista como aparenta.
Lo más triste es que estos caudillos municipales maquiavélicamente planifican todo de esta manera. No es casualidad. Es su estrategia. Y de hecho, una vez en el poder, su modus operandis es el mismo de Santa Claus con el propósito de perpetuar la necesidad de asistencia: un paquetito por aquí, una ayudita por acá, un trabajito para este, un guisito para el otro, y así. Nada de proyectos de gran impacto que logren inyectarle un poco de vigorosidad a la economía local para que las personas sean cada vez más autosuficientes y no tengan que ir a mendingarles por un trabajo. Claro que no va haber nada de eso, por que entonces su paternalismo perdería relevancia. Hace falta perpetuar la marginación y necesidad, precisamente para que el pueblo pobre los “necesite” y salga desesperadamente a apoyarlos en caminatas de zombies tras los tumba cocos.
Y lo más esplendido es que cuando se ponen a repartir los recursos públicos en anestesia para la pobreza, se proyectan como los más humanitarios y caritativos, como la generosidad encarnada, la solidaridad en dos patas.
Hay un proverbio chino que dice “dale un pez a un pobre y comerá una vez. Enséñale a pescar y comerá muchas veces”. Eso haría quien procura el bienestar. Quien procura el poder, usará otra estrategia: te dará un pescado hoy, y otro mañana, y otro el próximo día…
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