
El Partido Puertorriqueños por Puerto Rico (PPR) está en conversaciones con líderes de la comunidad lésbica, gay, bisexual y transgénero (LGBT) del País para que aspiren a un escaño legislativo como representantes de esa colectividad en las elecciones de 2008.
Aunque el secretario general del partido, Maximiliano Pérez, señaló que el PPR no toma en consideración la raza, el género ni la orientación sexual, entre otros aspectos, para escoger a sus candidatos, lo cierto es que están buscando personas que representen ese sector.
Vía El Nuevo Día (Israel Rodríguez Sánchez)
Esta es una movida que no la esperaba. Ante los chismes que han difundido ciertas personas en los medios de comunicación sobre la sexualidad del presidente del PPR, Rogelio Figueroa, lo tradicional sería que ese líder se alejara lo más posible de toda acción que de alguna u otra manera pudiera servirle a sus contrincantes en su campaña de difamación.
Lo que se ha hecho es todo lo contrario. Pero no carece de astucia.
Desde hace algún tiempo, Puertorriqueños Por Puerto Rico apoyó abiertamente las uniones de hecho, incluyendo las de parejas del mismo sexo. Lo incluyeron en su plataforma, enviaron un comunicado de prensa al respecto, e incluso sostuvieron reuniones con líderes de la comunidad LGBT para conocer sus necesidades. Como era de esperarse, esto no ha sido bien visto por muchos.
Me consta que ya varias iglesias están “orientando” a sus feligreses sobre “la realidad” de este nuevo partido que apoya institucionalmente las uniones de hecho (lo que no han hecho el PNP, el PPD o el PIP) , y los derechos de la comunidad gay. Y tan pronto se acerquen las elecciones, esta campaña en contra de todos los “peperreistas” de seguro se incrementará.
Así que estratégicamente, no es descabellado pensar que si el PPR ya se ha ganado de enemigos a sectores fundamentalistas en Puerto Rico, una buena acción sería intentar conquistar el sector opuesto, los grupos gays, pro gays y liberales.
Dejando a un lado las consideraciones éticas, este apoyo del PPR puede ser un buen experimento político. Por un lado, se podrá saber si realmente el apoyo de la comunidad gay –y sus aliados– es electoralmente significativo, y por otro se podrá ver que tan dañinos pueden ser los ataques políticos de la derecha cristiana.
Esto se está poniendo interesante.