Creo que pocas personas no estarían de acuerdo con la afirmación de que las ideologías políticas no son estáticas, sino dinámicas. No obstante, a pesar de tal conocimiento, casi todas ellas trazan sus orígenes en pasados remotos, como si se estuviera negando la juventud de su nueva interpretación.

Un ejemplo reciente que se ha hecho muy evidente con la investigación federal al gobernador Aníbal Acevedo Vilá, en la que hemos visto el fenómeno de “albizuistas” defensores de la figura del gobernador del Estado Libre Asociado. Las reinterpretaciones políticas ha llegado a tal grado, que ahora podemos escuchar en la radio a personas que se autodenominan independentistas, y no de cualquier tipo, sino independentistas “seguidores de Albizu”, que, basados en esa creencia, exponen muy apasionadamente una defensa a la figura del Gobernador del ELA bajo la justificación de que “él es puertorriqueño” y “la derrota de un puertorriqueño sobre otro puertorriqueño es la derrota de la patria”. En otras palabras, según su visión, el gobernador del ELA es un representante legítimo de la nación puertorriqueña que defendía Pedro Albizu Campos con su palabra y su acción.

Pero veamos medio pocillo del pensamiento de Albizu:

 

La nación de Puerto Rico no ha autorizado a nadie a ser Policía, a ser Legislador, a ser Gobernador, a ser Alcalde, a ser nada. El día que Puerto Rico sea libre, soberano e independiente ese día habrá un Gobierno de Puerto Rico, y entonces se invitará a cumplir con el deber de su patria. (”La palabra como delito. Los discursos por los que condenaron a Pedro Albizu Campos, 1948-1950″, Ivonne Acosta Lespier, Editorial Cultural, 1993)

O sea, según Albizu, ninguna entidad puede presentarse como el poder político legítimo de la nación, sino es la República de Puerto Rico. Y eso lo dijo en el 1950, cuando ya había un puertorriqueño electo por el voto durmiendo en La Fortaleza.

Cada cual es libre de sintetizar y recombinar sus ideas según le parezca. Si estas personas de verdad creen que de momento el sistema colonial que Albizu atacaba se convirtió, en algún momento, en el legítimo poder de la nación, pues allá ellos. Pero me parece una total distorsión presentarse como los “seguidores de Albizu” y sacar citas románticas acomodaticias en las discusiones, para entonces configurar un discurso pro sistema colonial que es radicalmente opuesto a lo que Albizu predicaba.