La revista inglesa The Economist publicó una serie de artículos sobre los sistemas universitarios europeos en comparación con los sistemas estadounidense. La línea conservadora de la publicación es de todos conocida, y no era de extrañar de que recalcará las ventajas de los sistemas privados de enseñanza sobre los públicos, y más aún, que defendiera las instituciones universitarias con fines de lucro en vez de las privadas no lucrativas.
Pero a pesar de su conservadurismo, The Economist es una muestra de que no hay que tener apariencia de “objetivo” para traer argumentos inteligentes y bien expresados. Por ejemplo, su ataque, por decirlo de alguna manera, a los sistemas públicos de enseñaza está basado en un razonamiento contundente:
The public universities were never as democratic or egalitarian as they seemed. The justification of offering free higher education is that nobody should be denied it on cost grounds. But in practice the children of the privileged have long been much more likely to get into university than the children of the poor. The result was perverse: in the name of equality, all taxpayers were forced to subsidise the privileged. (The best is yet to come)
En Puerto Rico, por ejemplo, la institución de más prestigio es el sistema de la Universidad de Puerto Rico(UPR). Este sistema tiene la fama de ser el mejor en calidad, y el más económico gracias a los subsidios gubernamentales que recibe (He escuchado que $22,000 anuales por estudiantes). Pero el problema es que no todo el mundo puede estudiar en la UPR, y por ello, el sistema tiene que aceptar solo a aquellos que estén mejor calificados, según sus promedio académico de Escuela Superior y sus puntuaciones en los exámenes del College Board. Ante esto, hay una tendencia a recibir cada vez más estudiantes de escuelas y colegios privados (alrededor de un 40% en la actualidad), en donde la enseñaza es mucho mejor que en las escuelas públicas. Esto trae el resultado de que los jóvenes cuyos padres pudieron pagar por una mejor educación tengan su pase casi asegurado al sistema público subsidiado (Gran parte de nuestros gobernantes, incluyendo el actual gobernador, Aníbal Acevedo Vilá, se educaron en la UPR), mientras que los que estudiaron en las escuelas pública, al no poder competir con estos, tengan que enfrentarse a las costosas universidades privadas como el Universidad del Sagrado Corazón y la Universidad Interamericana.
En efecto, tal y como dice The Economist, se está subsidiando un sistema al cual gran parte de los pobres no tienen acceso. La contradicción es tal, que incluso Aníbal Acevedo Vilá, según el mismo dijera en una entrevista, no pagó un centavo a la UPR gracias a que, como tenía un excelente promedio, cualificó para una de las Becas de Honor que ofrece la Universidad a estudiantes sobresalientes.
Por otro lado, hay que ser bien cautelosos con las medidas que se tomen para corregir la contradicción, y no caer en un análisis simplista que divida el problema entre pobres y ricos. Por ejemplo, en el Recinto de Río Piedras de la UPR, organizaciones como la Unión de Juventudes Socialistas y el recién creado Comité de Universitarios Contra el Alza (en el costo de la matrícula) están impulsando la idea de crear una matrícula escalonada, en la cual se paguen por los estudios de acuerdo a los ingresos que se tengan. De esta forma, todos pagan según su condición económica. Pero el efecto no intencionado que puede traer esta medida es otra carga económica para la clase social que aporta más a este país: la clase media trabajadora (El proletariado, como dicen ellos). Mientras a los miembros de las clases bajas se les dará otro incentivo para permanecer como están y no mejorar su situación, a la clase media se le volverá a penalizar por trabajar y ganar buen dinero con su sudor. Y como si fuera poco, la educación de las clases altas seguirá siendo subsidiada gracias a las mil maneras con que cuentan los empresarios y profesionales independientes para evadir impuestos y reportar pocas ganancias. Ante este panorama, como dice el dicho: el remedio sería peor que la enfermedad.
Por otro lado, tampoco me gustaría ver cada día a más hombres de negocios administrando la educación. No tengo problemas con las instituciones sin fines de lucro, pero el solo pensar en universidades con ánimo lucro es escalofriante. Estas instituciones se dejarán llevar por la ley de la oferta y la demanda, sacrificando su calidad por su competitividad(Ej: la calidad del Cine de Hollywood y de la comida Fast Food), y buscando a toda costa reducir sus costos de operaciones para aumentar sus ganancias (Después de todo, es el lucro su norte). Esto, sin mencionar que sería otro vehículo para fomentar el sistema social que beneficia a sus dueños. Me declaró totalmente conservador en este sentido. Dejémosle la educación a los educadores.
Sea cual sea las ideas que surjan para acoplarse a las nuevas circunstancias histórica, se debe fomentar el diálogo y el debate sobre estas cuestiones. Las crisis y las contradicciones que vivimos, sumado por una economía en la cual predomina cada vez más la información y el conocimiento, nos dicen que es hora de comenzar a repensar la Universidad.
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