Liberty of the press is the right of the lonely pamphleteer…
as much as of the large metropolitan publisher .
–Branzburg v. Hayes (1972)
El concepto de panfleto ha adoptado a través de los años unas connotaciones muy negativas. La Real Academia Española lo describe como “Libelo difamatorio” y “Opúsculo de carácter agresivo”. Otras definiciones y describciones le atribuyen el ser un escrito corto, propagandista, parcializado y politiquero.
No obstante, el panfleto es parte de ese periodismo de antaño en el cual los periodistas –entiéndase cualquiera que pudiera publicar periódicamente—no estaban comprometidos con un ideal utópico y, un tanto hipócrita, como lo es la objetividad y la imparcialidad.
El panfleto era un medio de comunicación en el cual hombres y mujeres ponían su alma en cada texto para llevar un sincero mensaje a un sector en particular. No era la intención del panfletista vender lectores a corporaciones auspiciadoras, sino llevar un mensaje –gratis o barato—a los lectores, su razón de ser.
El objetivo del panfletista no era llegar “a las masas” sino llegar a su público (obreros de una fábrica, estudiantes de alguna universidad, campesinos explotados de algún terrateniente, etc). No le interesaba prostituir su mensaje para llegar a más personas, pues la intención no es aumentar lectores, sino compartir conciencia.
Los panfletos y los bogs
Existe un paralelismo entre los panfletos del pasado, pioneros del periodismo, y las bitácoras electrónicas, punta de lanza del nuevo paradigma postmoderno de la comunicación.
La intención del bloguero en su versión original –espontánea y no comercializada—que es la que aún predomina, no es aumentar visitas ni vender lectores a Google Ad Sense, sino compartir. Pero no compartir un producto diseñado para atender demandas del mercado, sino compartir el mensaje que se tiene, tal y como es. Sin disfrazarlo de frialdad. Compartir el mensaje puro, no a las masas, sino a su público, a quien le interesa lo que se dice.
Visitas: ¿Qué significan?
A menudo muchos caen en el error de evaluar la calidad de los blogs con una actitud capitalista y una mentalidad de grandes medios masivos. Un blog exitoso, según estas personas, es el que recibe muchas visitas, y un blog aún más exitoso es el que recibe más visitas.
Pero no es así. Según el panfletista sindicalista de antaño buscaba a su público, los obreros, un blog en esta época también puede tener su nicho, su audiencia particular y especializada.
En lo personal, no me interesa tener miles de visitas diarias en mi blog. Si quisiera ser leido masivamente pudiera ir a un foro de discusión bien establecido, en donde pueden haber diez o veinte veces más lectores que en mi bitácora, o aún más fácil, pondría pornografía en los posteos junto con comentarios sobre lo grande que tiene las tetas la modelo.
Audiencias especializadas
Pero esa no es la razón de ser. Como el panfletista, mi meta es llegarle a quien le pueda interesar lo que escribo. Esa es la razón de ser Tinta Digital, y no el número que marque el contador de visitas. Claro, se escribe para ser leído, y se habla para ser escuchado, pero para ser escuchado nuestro mensaje, y no el mensaje que sugiera el mercado.
Por lo tanto, que un bloguero escriba y solo tenga unos seis lectores asiduos, no es nada para avergonzarse. Quizás sea el mejor blog del mundo (pues a mi juicio, hay blogs ignorados que son un éxito, y blogs rompe contadores que son una vergüenza).
En fin, muchos se contentan con competir con el periódico. Pero yo estoy a gusto siendo un panfletista, un panfletista digital, y no cambio mi puñado de excelentes lectores por todo una masa gigante de visitantes. ¿Que me gusta que aumenten las visitas? Claro, pero visitas de mi nicho, de mi sector, de mi parte de la cola larga.
Creo que de eso se trata la democratización de la comunicación. Muchos pequeños David’s a pedrá limpia contra los gigantes, pues el nuevo poder mediático que se impone no reside en nuevos grandes medios, sino en el gran colectivo (lo que en ingles llaman “The power of the many”, o el poder de los muchos.
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