No es culpa de los medios su mala calidad
Ni su espectacularización, ni su falta de profundidad. Ya de eso estoy bastante convencido. Tales síntomas no son el resultado de una mala gestión de las empresas que los operan, sino reflejos de males sociales. Seguiré señalando lo que entienda que es un mal servicio al derecho a la información de los ciudadanos. Pero no me veo con la moral de exigir algo diferente de los medios de comunicación masiva. Su mediocridad, al menos conmigo, queda debidamente excusada.
¿Por qué digo esto? Porque desde el año pasado vi como nacieron varios proyectos de comunicación masiva que no se pueden describir con otro término que no sea excelencia pura. Y todos han muerto por falta de audiencia, y los que no han sucumbido, han tenido que enterrar profundamente su verdadera personalidad para ajustarse a unas “formulas ganadoras” de la superficialidad y el escándalo. Como mencioné en un artículo pasado, es recomendable ceder a las demandas del mercado lo suficiente como para lograr un punto de equilibrio que conserve lo esencial. Pero en otras ocasiones las circunstancias hacen tal balance imposible por el momento, y hay que ceder tanto y tanto para sobrevivir, que el propósito original queda totalmente trastocado.
Jay Fonseca
Todo comenzó cuando una noche descubrí el programa radial WKAQ en la noche, con Jay Fonseca. El contenido y el estilo de este espacio no tenían comparación. El conductor del programa, Jay, era fuerte e incisivo con sus preguntas, pero sin caer en las faltas de respeto o en el protagonismo forzado al cual nos tienen acostumbrados otros. Aunque utilizaba muy bien sus conocimientos de economía, como estudiante de finanzas que fue, y de derecho, como estudiante de derecho que es, lo que más lo hacía resaltar era su humildad. Si tenía que darle la razón a su invitado, se la daba, si tenía que disculparse por algo, lo hacía, y más aún, no pretendía proyectar que lo sabía todo, a menudo expresaba abiertamente sus dudas y confusiones, sin que esto le quitara una onza de profesionalidad. ¿Qué pasó con él? Lo botaron. En vísperas de las fiestas navideñas. En su lugar pusieron a alguien a leer el periódico, y pedirle reacciones a cuatro políticos sobre lo que publica El Nuevo Día.
Ahora Jay se encuentra en Red 96, manejando el programa 180 grados, y aunque comenzó con el mismo estilo que lo había caracterizado, es evidente la presión que siente por ganar audiencia con “formulas probadas” y evitar que lo despidan de nuevo (lo que es comprensible) . Ahora se burla y le falta el respeto a los invitados, no deja que nadie termine de contestar sus preguntas, alza la voz e intenta armar un escándalo por insignificancias que no merecen tal atención, y ha llegado al extremo de casi invitar a pelear a personas (a Rafael Rojo, presidente de la Asociación de Constructores de Hogares, lo retó a llegar a los estudios, comentando, entre otras cosas, que él no era Orlando Parga, en obvia referencia a los incidentes de violencia entre estos dos). Es una triste transformación, pero si tenemos un poco de empatía podemos percibir la enorme presión que debe sentir alguien por no quedarse desempleado en plena recesión económica.
Oscar Serrano y Omaya Sosa Pascual
Pero Jay es solo un ejemplo. Otros que estaban haciendo un trabajo fenomenal eran los periodistas Oscar Serrano y Omaya Sosa Pascual, precisamente en Red 96. Estas dos personas dirigieron el programa Red Confidencial, en el cual dieron cátedra de lo que es el periodismo investigativo. Contrario al típico programa radial de pseudo análisis y lectura de periódicos, Oscar y Omaya se enfrascaban en verdaderos proyectos investigativos que le añadían contenido nuevo a la programación. Y cuando entrevistaban, lejos de adoptar el estilo rubensanchino de tratar de improvisar y sacarle alguna declaración controversial al invitado (el típico “¿cómo es? Usted me está diciendo en exclusiva que…”), sus preguntas estaban fundamentadas con la evidencia que tenían a la mano, con datos y documentos que casi hablaban por sí solos. Y sí, también practicamente los botaron, en un cambio de programación que trajo a Felix Plaud a la emisora.
Wanda Colón
Pero el colmo de los colmos ocurrió precisamente esta semana, con la cancelación, en la misma emisora, del programa Más de 96 minutos con Wanda Colón. La línea de este proyecto era “comentar aquellos eventos y sucesos que no hacen noticias”, entiendase las luchas comunitarias, los proyectos de autogestión vecinal, las denuncias de abuso policiaco de personas de residenciales públicos, etc. Realmente le daba espacio a personas cuyo discurso, por alguna razón, al parecer no cabe en los medios masivos. Pues bien, luego de dos últimas ediciones geniales, dedicados a unas extensas entrevistas al doctor José Vargas Vidot y su proyecto Iniciativa Ciudadana, en las cuales hablaron sobre cómo cada día puertorriqueños y puertorriqueñas se lanzan a la calle con iniciativas de autogestión dirigidas a crear “un gobierno paralelo” donde el ciudadano deje la resignación y la frustración y tome dominio de su propio destino y de las problemáticas que afectan su calidad de vida…cancelaron el programa. En su lugar, pusieron a cuatro “jóvenes puertorriqueños” que se auto presentan como los representantes de las nuevas generaciones, pero que no hacen otra cosa que emular las tradicionales peleas mongas partidistas a las que nos han sometido la clase política nuestra por varios años…un ejemplo perfecto de por qué es un ejercicio fútil exigirle el retiro a personas competentes por su edad (yo le hubiera dado un puesto vitalicio en el Senado a Eduardo Baez Galib), para darle paso a “caras nuevas” con los mismos viejos estilos.
Mi punto es…
La conclusión no puede ser otra que el buen periodismo, el investigativo, el sustancial, el alternativo, el que le hace resistencia a lo hegemónico…no es rentable en nuestro país en el mercado masivo. No podemos exigirle nada mejor a Wapa, Univisión, WKAQ, NotiUno o Red96, porque sencillamente no hay mercado para ello. Si lo que hay en los medios locales, refleja superficialidad, banalidad y pura espectacularización de la noticia, es porque eso, y solamente eso, es lo que al parecer piden los consumidores de “información” en Puerto Rico. De nada vale pedir “el apoyo del público”, porque el mercado trabaja a base de la satisfacción de demandas, nunca ha trabajado ni trabajará por compasión ni solidaridad.
Más que pedirle cambios a unos medios que solo ofrecen lo que el público demanda, mejor es exigirle cambios a nuestro cultura política y social; cambios que no vendrán con mociones ni con alianzas electoreras, sino con nuestra propia resistencia cotidiana a esa cultura. No podemos exigir que alguien nos traiga pescado fresco si no hay cuerpos de agua en los alrededores.
Mientras no haya una verdadera revolución social, esa es la realidad. Lastima que las personas que día a día encabezan los primeros pasos exitosos de dicha gesta, como los pequeños e inspiradores proyectos como Iniciativa Comunitaria, P.E.C.E.S, La Alianza de Líderes Comunitarios, Amigos del Mar o La Coalición Tierra Para Todos, ya no tengan un espacio de difusión. Habrá que bregar con eso.
Nota aclaratoria: Nada de lo que aquí escrito justifica las falsedades, la manipulación mediática y la desinformación. Como bien dice el actual secretario de Justicia, Roberto Sánchez Ramos, “una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa. Una….dos”. Lo que señalo aquí es el mal estilo y la poca sustancia, no la manipulación deliberada con el único objetivo de violar el derecho a la información veraz de los ciudadanos. Esto último, por ser una reconocida violación a los derechos humanos, es injustificable, aún si el mercado así lo demanda.
