Tinta Digital

January 21, 2010

Por qué la izquierda puertorriqueña está tan quedá II:
el romance con lo gubernamental

Categoría(s): — Eugenio Martínez Rodríguez @ 7:12 pm

Hay una verdad evidente que todos saben y pocos admiten: el gobierno de Puerto Rico, en términos general, no sirve. Cualquiera haya tan solo pisado una agencia de gobierno para ser atendido por un burócrata que piensa que hacer su trabajo es hacerte un favor lo sabe. Pero hay un problema, y es que, como dijo Al Gore con respecto al ambiente, la pobre calidad de los servicios gubernamentales es una verdad inconveniente para la izquierda.

Es inconveniente porque el ideal de un sistema que funcione, para muchos, es un gobierno gigante que haga todo, sin empresarios malos que vengan a lucrarse, donde el sentido de solidaridad reina y no la dañina actitud de competencia (a esta última la sustituimos con panismo). En veldá, veldá que yo no sé cuál es el origen de esta visión (es posible que sea herencia del muñocismo y el nuevo trato, o una variante de la llamada “izquierda” norteamericana o parte de la idiosincrasia cristiana que ve el comercio como fuente de maldad, o una conspiración de tecnócratas de clase media alta). Pero esa es la realidad, el gobierno no sirve pero no es políticamente correcto admitirlo en publico para muchos, y eso, de nuevo (y aquí conecto con el artículo anterior), resta credibilidad, porque nadie sigue a quién parece vivir en otro mundo.

Por qué el gobierno no sirve: estructura monopolística

Y el gobierno no sirve no porque los empleados públicos sean malos (aunque los hay terribles, y no son unos pocos nada, son un montón, aunque no la mayoría), sino porque su propia estructura hace que sus agencias sea torpes. Los monopolios, demostrado está, son ineficientes, y el gobierno de Puerto Rico es un gran monopolio, compuesto por muchos pequeños monopolitos que a su vez tienen monopolititos internos.

¿Privatización?

¿La privatización es la solución? En ciertas funciones sí. Pero la verdadera receta es la competencia a todos los niveles y de todos los tipos. Cierto es que si malo es un monopolio público peor es uno privado, pero si se puede privatizar para crear competencia real: qué llamen a los colmillús y vamos a hacer, y me perdonan la mala palabra, negocios.

Competencia a todos los niveles y todas las formas

Algunas cosas, a mi entender, no convienen ser privatizadas aún con la posibilidad de crear competencia (salud, educación, seguridad y recursos naturales, mayormente), pero eso no quita que, aún sin las presiones de las dinámicas del mercado se pueda crear competencia dentro de las mismas agencias de gobierno: un verdadero sistema de méritos en los puestos públicos, incentivos por producción o buenos servicios (maestros incluidos) y sobre todo, al que haga mal su trabajo, según los propios usuarios de sus servicios, que los despidan como en todos lados. Será fuerte el remedio, pero es que en ningún lugar si tu haces un trabajo deficiente e insatisfactorio para los receptores de tu servicio se te compensa o asegura la permanencia. Yo creo en trabajo “seguro” para el que se lo merece, pero trabajo seguro para el incompetente es la receta de la mediocridad.

¡Pero es que suena feo!

Sí, suena feo. Mejor seguir denunciando a los perversos empresarios que vienen a lucrarse (¿han notado cómo se utiliza el verbo “lucrar” como si per se fuera algo inmoral?), seguir aumentando los impuestos y que la gran familia de servidores públicos siga creciendo: la receta perfecta para el fracaso. No puede haber progreso allí dónde el gobierno sea más fuerte que el conjunto de instituciones no gubernamentales. Bueno, no puede haber progreso excepto para la oligarquía de profesionales “atécnocratados” que mantienen su poder mediante un capitalismo de estado. Capitalismo de estado apoyado, por su puesto, por una izquierda quedá que se niega a entender conceptos básicos de economía.

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