Tinta Digital

January 10, 2009

Supuestos idealistas y libretos que no se siguen

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 7:16 am

“Como todos los soñadores,
confundí el desencanto con la verdad.”
Jean-Paul Sartre

Creo que muchas desilusiones se evitarían si se aprendiera desde un principio una cosa: no se supone que pase algo en la sociedad.

Llámenle si quieren existencialismo social, pero sí, esa celebre frase Jean-Paul Sastre, “”El hombre está condenado a ser libre”, igual le aplica a las familias, las sociedades, los pueblos y naciones. No se supone que pase algo con ellas. Son libres, pero no en el sentido libertador de quién tiene un concepto ideológico de libertad; no es la libertad del libre mercado, no es la libertad de la independencia política, no es la libertad de la revolución socialista o de la anarquía, es la libertad de no estar sujeta a un destino donde “se supone” que pasen algunas cosas, y no se supone que pasasen otras. No hay nada que suponer.

Suena desolador, y medio vacío. Yo no lo creo. Creo que peor es la amargura y el desencanto del idealismo que se apaga en la persona que va viendo que lo que pensó que “se supone” que pasara no pasa. Cuando ve que lo que pensó que debían ser las reacciones de otros no se concretizan, o cuando observa que los resultados de sus bien intencionados actos no son los que su libreto decía que debían ser. No se supone que hubiera pasado algo, y nadie se lo dijo.

Creo que ese uno de los grandes defectos del idealismo radical (categoría que casi todos negarían, pero que en realidad describe a demasiadas personas) , aquel que hasta se enorgullece de su total ausencia de sentido práctico: por creer que el destino les favorece es terco con los medios, las estrategias y los estilos, insiste una y otra vez en repetir las mismas formulas, y termina en una gran desilusión, como a quién le apagan el televisor cuando la película a penas empezaba a llegar a su clímax. Así percibo algunos ex profesores míos que por su edad tuvieron que haber vivido algunos intensos años de juventud en los 60’s: se ven un poco amargados… desilusionados, en una actitud comparable al cristiano que espera con ansias el sonido de las trompetas apocalípticas para entonces gritar con una sonrisa “se los dije, arderán en llamas por una eternidad…cabrones”.

No se supone que pase algo. Las grandes luchas se pueden perder, y posiblemente ese sea el resultado de muchas de ellas. Se puede y se debe tener en mente la victoria, pero más aún presente en la conciencia debe estar la derrota, porque es muy probable. Pero como no se supone que pase algo, las derrotas son evitables (¡tampoco se supone que perdamos!), si como actores seguimos el libreto de una obra sin nada escrito. Se puede ganar, o se puede perder, y como se puede perder, se debe flexibilizar los estilos, cambiar los medios, alternar los caminos, y solo mantener el fin… pero el fin esencial, sin caprichos de la ortodoxía.

No se supone que pase algo. Este artículo no se supone que se haya escrito. Pero se escribió.

* ¿A dónde se nos va la esperanza?
* Idealismo y realismo en la ‘Fábula de los tres hermanos’
* Fernando Mires y los velos idealistas
* Dos nubes con un poco de tierra, por favor.

July 25, 2008

Qué distingue al centrista de quien está en el centro

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 8:15 pm

“Debe hacerse en cada momento,
lo que en cada momento es necesario”
José Julilan Martí

Para enfatizar más la idea del centrismo como método, más que como ideal, podría hacerse una distinción útil entre aquella persona que meramente se encuentra en el centro debido a su contexto, y aquella que es centrista más allá del las circunstancias que la rodean. No se trata, desde luego, de decir que hay un centro universal, sino establecer que el centrista es aquella persona que va en busca de ese punto específico donde las fuerzas de la sociedad se equilibran. Un centrista, si lo miramos de esta forma, no es meramente alguien que está en el centro porque no es de izquierda o de derecha. El centrista busca el centro, y no por que cambien las circunstancias pasará a ser de derecha o de izquierda. El centrista, de hecho, es quien seguirá corriendo para permanecer en el centro.

July 20, 2008

Qué distingue al centrista del izquierdista

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 8:12 pm

«Cuando alguien brega bien, encuentra el camino…logra con discernimiento
y autocontrol, evitar la violencia de la ruptura radical…supone una trama
de relaciones en que predomine la voluntad de cumplir lo prometido, de
introducir aire fresco, de humanizar los mecanismos de poder y preservar
un orden evitando las confrontaciones. Sus estrategias permiten moverse
hacia el objeto deseado con maniobras muy localizadas y sagaces con las
que se actúa en momentos críticos».
Arcadio Díaz Quiñones, en El Arte de Bregar.

El centrismo comparte con la izquierda su valoración por el cambio. Debido a que las sociedades están continuamente cambiando sus circunstancias, los seres humanos, para poder mantener su equilibrio, deben reajustarse constantemente a dichos cambios. Lo que nos lleva a un punto de equilibrio hoy, no necesariamente será lo que nos lleve a ese punto mañana, por lo que solo con el cambio continuo el centrista ve que puede mantenerse en equilibrio. O, en otras palabras, cómo le expresó la Reina Roja a Alicia en la obra A través del espejo y lo que Alicia encontró allí: “…tienes que correr con todas tus fuerzas para permanecer en el mismo sitio”.

Los centristas no abogan por una estabilidad estática, sino que reconocen la necesidad del cambio como una parte esencial en su búsqueda del equilibrio. El centrista se ve como el trapecista en la cuerda floja, que sólo con los constantes movimientos de su barra logra mantener el equilibrio y cruzar su camino.

Conservar lo conservable

Lo que puede no compartir el centrismo con la izquierda es su rechazo excesivo a lo establecido (las llamadas propuestas radicales). El centrista enfoca sus cambios en aquellos puntos específicos que no le sirven al equilibrio, pero lo hace respetando los diferentes ambientes en los que se desarrolla (ambiente político, ambiente cultural, ambiente ecológico, ambiente económico, etc.). Por ambiente, me refiero a todas aquellas condiciones que engloban nuestra existencia en un aspecto dado; una especie de “orden natural” que no se limita a lo no humano. Cuando el centrista trabaja para el cambio utilizando el ambiente en su favor, en vez de luchando contra él, lo que hace es no afectar todas aquellas condiciones cuya conservación no representa ningún obstáculo para el equilibrio.

Propuestas centristas vs propuestas izquierdistas

Un ejemplo claro de cómo se diferencian estas aproximaciones izquierdistas y centristas lo podemos apreciar con la reciente preocupación con el calentamiento global. Propuestas izquierdistas abogan por soluciones drásticas como el detenimiento del crecimiento económico, los sacrificios de todo tipo en pro de la naturaleza, la penalización del uso de automóviles, y el desarrollo de toda una nueva conciencia ambiental para la humanidad entera (vaya tarea). Mientras tanto, los más centristas en vez de invertir energías luchando contra los ambientes económicos y culturales sobre los cuales se desarrolló la crisis ecológica, buscan actuar en armonía con esos ambientes para utilizar las mismas fuerzas que causaron la crisis como medio de solución. ¿Cómo? Incentivando la producción de productos no dañinos a la naturaleza para que estos sean más eficientes y baratos que las alternativas contaminantes. En vez de adoptar los discursos de los sacrificios personales, y abogar por cohibiciones en un primer mundo donde la tendencia es buscar más comodidad y no menos, los centristas encaminan esa frenética búsqueda por el consumo de lo mejor y lo más barato hacia las opciones más saludables para el planeta, como la energía renovable, los alimentos orgánicos, los enseres eléctricos más eficientes, la densificación de las ciudades, etc. Como el navegante que utiliza las fuerzas naturales del viento para llegar a su destino, el centrista utiliza las leyes del mercado a favor de sus propuestas, no en contra.

En resumen, el centrista busca trabajar en armonía con los diferentes ambientes sociales, lo cual le permite enfocar sus energías específicamente en los problemas que deben ser cambiados, y no en el contexto que lo rodea.

El centrismo y lo radicalmente malo

Ahora bien, hay ambientes que parecen ser radicalmente dañinos, con los cuales, por razones morales, no pareceríamos estar dispuestas a tranzar ni una coma. ¿Cómo, por ejemplo, respetar el ambiente político de un país dónde los discursos hegemónicos aboguen por el exterminio de una etnia local? ¿Cómo actuar en armonía con un ambiente religioso que busca imponer una creencia mayoritaria a las minorías? ¿Cómo respetar el esclavismo? ¿Cómo no condenar tajantemente las dictaduras?

En circunstancias extremas como esas, parecería que no hay lugar para el centro, o por lo menos no sería moral ser centristas. Sin embargo, siempre hay puntos en común, por más caóticas y trágicas que pueden ser las circunstancias. Esos puntos en común se encuentran específicamente en la razón de ser de estos movimientos, debido a que aún los más crueles abusos, imposiciones y tragedias parten de buenas intenciones. De hecho, casi todas las tragedias históricas no son más que acciones bien intencionadas pero fatalmente encaminadas. Es posible que ciertos líderes maquiavélicos no creyeran en lo que profesaban y lo único que perseguían era el poder, pero de seguro que el corazón de su movimiento –sus seguidores– sí creían profundamente que su ideal era lo correcto. O sea, detrás de la tragedia y sus promotores, hay buenas intenciones que se pueden redirigir.

Los movimientos fascistas, por ejemplo, buscaban un resurgimiento del orgullo nacional de ciertos pueblos, así como su unidad y desarrollo económico y cultural. Esas son ideas con las cuales el centro puede tranzar, sin tener que aceptar métodos autoritarios. De hecho, son esas nobles intenciones, ideas y sentimientos generales los que el centro puede encauzar hacia otro tipo de propuestas que complazcan la razón de ser de dicho ambiente social, sin caer en las nefastas consecuencias de los métodos originales.

Pero para poder encauzar estas fuerzas con las cuales parecemos estar radicalmente en oposición, se debe procurar mantener la Razón como punto de partida, y no la pasión o el fanatismo . Se debe procurar no dejar de ver la humanidad que hay en el contrario, aún cuando éste nos vea como cerdos. Esto nunca es fácil, y cuando ya es demasiado tarde, además, es imposible. Pero es el punto de equilibrio cuando aún se está a tiempo.

Nota: El próximo artículo tratará sobre las diferencias entre el centrista y el derechista. Luego de éste, se publicará otro que hará una distinción entre ser centrista y “estar en el centro”.

June 25, 2008

La religión, según George Carlin

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 4:15 am


Ya que todos están escribiendo sobre George Carlin, he decidido rendirme ante la presión social poniendo este vídeo. Lo había visto el año pasado, pero no sabía que era de él (de hecho, no sabía quién era él).

Es serio y gracioso; como la buena comedia.

April 30, 2008

Dos nubes con un poco de tierra, por favor.

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 2:31 pm

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Hay dos formas principales de enfrentar un problema: la idealista y la pragmática. Cada persona tiende a inclinarse a uno de los dos lados, aunque casi nadie representa, de forma pura, uno de los dos conceptos. Ambas visiones, si no se combinan con la otra para compensar sus limitaciones, son deficientes; el que es demasiado pragmático sin nada de idealismo está muy ocupado en las circunstancias presentes como para tener una visión de lo que es posible, y el que es demasiado idealista tiene claro su futuro deseado pero está tan ocupado mirándolo que no pone atención, y hasta ignora, el camino que lo llevará a esta meta.

Los excesivamente idealistas

Ya sé que todo es todo ya es altamente conocido, y hasta posiblemente venga por ahí un comentario de que estoy escribiendo cosas trilladas otra vez, pero todo esto lo digo porque noto que, muy lamentablemente, una gran mayoría de las personas que abogan por las buenas causas carecen de pragmatismo. Todo se le va en pensar lo ideal, pero (me perdonan el cliché) sin pisar tierra firme. Parecen conformarse con vivir con la certeza de que hacen o predican lo correcto, aún sabiendo que la forma en que lo hacen no producirá ningún resultado significante. Sus estrategias fracasan repetidamente, pero cambiarlas la ven como una traición a lo ideal. Piensan que si no funcionan no es por su culpa, es porque el mundo no está preparado para ellas. Algunos llegan a los extremo de trazar como su gran meta convertirse en mártires, o al menos encarnar el arquetipo del típico genio incomprendido por su tiempo que la historia se encargará en redimir.

Los excesivamente pragmáticos

Al otro extremo, muchas de las personas sumamente pragmáticas, obtienen el poder político, económico y social de forma relativamente fácil. En palabras paulocoelhisticas , el universo parece conspirar en su favor. Han llegado al punto que señalaba el filosofo japonés Miyamoto Musáis “cuando has comprendido el Camino de la Estrategia, ya no hay nada que no puedas comprender”. Lo triste es que lo suyo es obtener el poder con la única razón de tener poder, o peor aún, poder para poder hacer todo en su beneficio.

La estrategia: ni moral ni inmoral, sino amoral

Debería llegar un tiempo en el que los grandes estrategas triunfadores no sean solo los grandes demagogos, manipuladores y dictadores, sino que, dentro de este selecto grupo, también haya idealistas genuinamente interesados en el bienestar común. Pero para ello habría que deshacerse de muchas concepciones limitantes, como eso de que el dinero es malo, el individualismo es malo, el mercado es malo, etc. También habría que empezar a entender y apreciar las estrategias tal y como son: amorales, porque muchas veces no se quiere apreciar las movidas de personas como Napoleón, Mao o Hitler, o, para poner ejemplos más cercanos, Hugo Chávez o incluso Aníbal Acevedo Vilá, porque las intenciones que los movían eran perversas. Y están en lo cierto, en la mayoría de los ejemplos mencionados lo eran sin ninguna duda, pero no dejan de ser estrategias geniales, estrategias que, de ser aprendidas, bien podrían utilizarse para mejores causas (aunque, obviamente, muchas son totalmente descartables).

En pocas palabras, a los mártires y genios incomprendidos los podemos admirar, pero no debe ser la meta de nadie fracasar y convertirse en uno de ellos. Es muy cierto eso que dicen que a veces se gana cuando se pierde, pero no siempre es así. Hay causas que llevan perdiendo demasiado tiempo, y nada parece indicar que de tantas derrotas surgirá, inexplicablemente, una gran victoria.

March 14, 2008

¿Es inmoral la prostitución? Pues…

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 4:06 am

Aprovecho el escándalo del ahora ex gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, con la prostituta Ashley Alexandra Dupre, para lanzar por aquí una pregunta que estamos discutiendo en un seminario de ética mediática: ¿por qué la prostitución se considera inmoral? O para ir más allá, ¿es, realmente, la prostitución inmoral?

Abajo pongo seis de las razones que usualmente se ofrecen para condenar ésta práctica, y mi contestación a ellas, porque sí, adelanto que ninguna me convence. Pueden poner en los comentarios sus propias razones para considerar la prostitución inmoral, si es que piensan de ésta forma. Le agradecería que sus razones no fueran religiosas, no porque no sean válidas estas razones, sino porque tiene muy poco poder de convencimiento decir que tal cosa es así “porque la Biblia lo dice” cuando tu receptor puede que no comparta tu mismo dogma religioso. Por lo tanto, pido respuestas basadas en una ética secular.

Es inmoral porque se trata de la comercialización de una persona. Uno puede vender una cosa, pero nadie debe vender su cuerpo, porque el ser humano no es una mercancía ni debe ser tratada cómo tal.

Pero, ¿a qué nos referimos específicamente con “vender”? Porque una venta es cuando una “cosa” cambia de propietario por medio de algún tipo de intercambio ( “Traspasar a alguien por el precio convenido la propiedad de lo que uno posee”, dice la Real Academia Española) , pero ese no es el caso de la prostitución. La prostituta o el prostituto conserva su cuerpo, y por lo tanto, no está haciendo tal cosa como “venderlo” porque ninguno de sus clientes puede reclamar derechos de propiedad por haberse acostado con ella o él (a menos, claro está, que se combine la cuestión con esclavitud y otros tipos de tratos, pero ya eso es otro tema, no es prostitución per sé).

Una amiga me contestó esta semana que no era una venta como tal, pero sí un “arrendamiento”, y por lo tanto como quiera era inmoral. Pero suponiendo de que, efectivamente, se está “arrendando” un cuerpo, y, por lo tanto, comercializándolo, ¿deberíamos usar el mismo criterio para juzgar de igual forma a las y los modelos, las actrices y los actores, los masajistas, y toda aquella persona que utilice su cuerpo para dar un servicio a cambio de dinero? ¿Acaso la definición clásica de obrero no es aquella persona que vende su “fuerza de trabajo”, fuerza que presisamente produce con su cuerpo (no hay de otra)? Si partimos de estos mismos supuestos, cualquier tipo de trabajo físico sería una venta, o “arrendamiento”, de nuestro cuerpo; todos seriamos prostitutos y prostitutas.

Es inmoral porque el sexo debe ser algo más que una transacción. Uno debe hacerlo mediante un deseo genuino de estar con una persona, no por simplemente ganar dinero.

Eso está bueno como creencia personal, pero no es una razón como tal. No hay ninguna base para justificar el “debe ser algo que…” o el “uno debe hacerlo mediante…”. Esto es simplemente una opinión basada en gustos personales, pero no hay nada que lo respalde, y más si tomamos en cuenta que los gustos ni son universales ni se deben tratar de universalizar.


Es inmoral porque ninguna persona debe estar forzada a tener sexo por necesidad, y en la prostitución la parte más poderosa se aprovecha de la más débil para obligarla a trabajar en ese tipo “servicio”. Esto es un abuso y un aprovechamiento repugnante de la necesidad del prójimo.

De acuerdo, pero podríamos decir lo mismo para cualquier tipo de trabajo. Podríamos decir que quién limpia inodoros lo hace por necesidad, y que su jefe se aprovecha de su condición para ponerlo a hacer esa tarea que, de otra manera, jamás haría. Y después de todo, ¿la inmensa mayoría de los trabajos no son así? ¿Son muchas las personas que trabajan por amor a su trabajo, y no por la necesidad de ganarse la vida? No lo creo.

Es inmoral porque un estilo de vida promiscuo puede ser un foco para la transmisión y propagación de enfermedades sexuales.

Muy cierto, es un sector que no está regulado. ¿Pero esto se debe a la prostitución en sí o al hecho de que sea ilegal? Porque si fuera legal podría regularse, y exigir exámenes médicos rutinarios, exigir protección, exigir sanidad, etc. Si hoy faltan estos remedios, no es por otra cosa que la ilegalidad de este negocio.

Además, con ese argumento tendriamos que ilegalizar otras actividades que podrian considerarse promiscuas, como, por ejemplo, toda actividad sexual entre solteros no comprometidos. Habría que cerrar de igual forma los pubs y las discotecas, pues son potenciales centros de actividad promiscua.

Hay que tener mucho cuidado con las premisas que utilizamos, porque estas pueden explotar por muchos lados.

Es inmoral porque es un trabajo indigno.

Pues eso depende de la persona. El semestre pasado leí un artículo etnográfico sobre un grupo de prostitutas en Inglaterra, y ellas no solo decían estar orgullosas de su trabajo, sino que se veian a si mismas como jóvenes empresarias, como individuos productivos e independientes. En cambio, conosco muchas personas que bien considerarían tareas de trabajadores humildes como “indignantes” para alguien de su categoría (categoría comemierdística). Por lo que ésto depende (¡relativismo! ¡relativismo!) mucho de la persona.

Es inmoral porque es una forma de esclavitud

Esto es una generalización que, aunque posiblemente esté basado en la norma, no prueba la universalidad del enlace entre la prostitución y la esclavitud. Es muy cierto el hecho de que alrededor del mundo se suele abusar de la mujer inmigrante y sin derechos para someterla a un régimen laboral que definitivamente podemos llamar como esclavista. Pero no hay ninguna razón para creer que el concepto “prostitución” y el concepto “esclavitud” son universal e irremediablemente inseparables. Existen prostitutas que trabajan por su cuenta, sin jefes, sin corporaciones y sin intermediarios. Existen prostitutas que están en dicha actividad por pura voluntad. Existen prostitutas que no ven su trabajo como un remedio desesperado e indigno, sino como un negocio legítimo como cualquier otro.

Podriamos trazar una analogía con el ejemplo de la industria de la construcción y la esclavitud. Desde hace algunos milenios (o quizás más), unas cuantas civilizaciones usaron mano de obra esclava para construir sus grandes obras (como las piramides egipcias) , pero el hecho que hoy estas actividades se hagan con trabajadores libres prueba que los conceptos de construcción y esclavitud, aunque solian combinarse, no eran inseparables. Lo mismo me parece que sucede con la prostitución y la esclavitud.

A ver, ¿qué me dicen ustedes?

February 8, 2008

¿Se murió La otra cara del Sexo?

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 6:41 pm

[Nota: Fue falsa alarma, el portal de la campaña del terror sigue (Ver “Volvieron los Zombies“). Probablemente todo se trataba de conseguir la aprobación de la Comisión Estatal de Elecciones en año electoral].

“Y entonces la bestia se retorció de dolor
cuando su presa comenzó a pensar”
Del Libro del Abey

El Devs Ex Machina, del blog Incisión Mental, nos informa en una entrada que el portal oficial de la nefasta campaña de 2.5 millones de dólares La otra cara del sexo ha desaparecido. Habrá que esperar unos días para ver si solo se trata de problemas técnicos, y si por fin los genios creadores de la cruzada han cedido ante las fuertes críticas recibidas en los últimos meses.

La primera vez que se comentó en este blog sobre esa campaña fue agosto del 2007 con el artículo “Los portadores de enfermedades de transmisión sexual son monstruos“. En aquel momento, las únicas voces que había escuchado o leído en contra de la serie de anuncios fue precisamente Incisión Mental, con la entrada, “La otra mirada del sexo”, y un ingenioso blog también títulado La Otra Cara del Sexo, que con un gran humor pulveriza esta iniciativa gubernamental.

Pero ahora las críticas son generales. Ya Mayra Montero le ha tirado algunas puyitas en sus columnas, lo que es muy importante porque hay montones de personas que hasta que Montero no lo menciona no le dan importancia a las cosas. El periódico de la Universidad de Puerto Rico, Diálogo, también ha cedido abundantes espacios para las críticas a este tipo de publicidad, el Programa de Estudios de la mujer y el Género de la UPR de Río Piedras celebró hace poco una serie de conferencias que deconstruían la campaña, y la comunidad LGBT y los pacientes de Sida han aprovechado una que otra ocasión para hacer conocer su disgusto.

Ahora bien, como comenté en Incisión Mental, esta es una oportunidad para comprender la importancia de teóricos como Michel Focault, y otros tantos que se han destacado por sus análisis sobre cómo opera el poder para controlar, vigilar y castigar los ciudadanos. En momentos como estos es que se comprende mejor lo práctico que pueden ser aún las teorías más abstractas, porque en el fondo, las teorías no son otra cosa que herramientas para poder entender, cambiar o defendernos del mundo.

February 3, 2008

Equilibrio

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 5:22 am

Cada vez me atrae más el concepto del equilibrio. Parece una idea sencilla, pero encierra mucho que no siempre se comprende. En la política, las ciencias naturales, la ingeniería, la economía, las finanzas, los deportes y en un gran número de disciplinas, el equilibrio juega un rol esencial. Todos, al menos en principio, aspiran lograr el equilibrio. Parece un concepto universal, tal vez incluso más que la libertad o la justicia (prácticamente ausentes en los deportes, o en la selección natural, por ejemplo).

El equilibrio, sin embargo, puede ser fácil de definir. Una definición común habla de fuerzas que se cancelan entre sí, concluyendo en una estabilidad. Pero entonces, ¿ese es el equilibrio al que se aspira en la política, el derecho o en la sociedad en general? ¿A que unas fuerzas contrarresten a otras y todo se mantenga igual? Puede que ese sea el proyecto de muchos. Que el equilibrio le sirva al estatus quo.

Pero además del equilibrio estático, existe el equilibrio dinámico. Un equilibrio que da una estabilidad que a su vez permite la movilidad. Es como el auto o la bicicleta que no se vuelca; su estabilidad permite su recorrido. La estabilidad del equilibrio permite esa movilidad, mientras que el desequilibrio concluye en caídas que llevan al estancamiento.

Así que, después de todo, de lo que trata el equilibrio en el fondo es del control. Un control sobre la cosa, que permite guiarla hacia un destino dado. Pues, entonces, ¿escribimos en piedra que definitivamente el conservadurismo social, y su gran énfasis en el orden y el control, es la receta para la armonía y la felicidad entre seres humanos? Pues si extrapolamos los principios del equilibrio dinámico a la sociedad, habría que decir que ese control social que trae el balance no es uno dirigido por un centro de poder centralizado, sino uno que surge del ambiente equilibrado, uno que surge del despliegue de fuerzas contrarestadas distribuidas horizontalmente sobre la sociedad. Ya de por sí, el énfasis excesivo en un orden planificado por un poder central, desequilibra el deseo de orden colectivo con el deseo de la libertad individual.

La sociedad, sin dudas, debe aspirar a un orden social, a un control que evite las caídas y mantenga estable –en equilibrio– el colectivo, pero tal fin no se logra con el énfasis en una fuerza jerárquica específica, sino con una combinación de todas las fuerzas sociales que logre un balance entre ellas. Esas fuerzas no yacen en una jerarquía vertical, sino que se esparcen en el ambiente, en cada uno de sus componentes. Es la mítica mano invisible de la que hablaba Adam Smith, el enigmático secreto del proyecto Wikipedia, y la sorprendente armonía de una multitud de voces desafinadas que a coro se oyen bien. La estabilidad del equilibrio no se provoca, sino que surge.

El orden surge de un ambiente saludable que funda y combina fuerzas diversas. El control viene de fuerzas diversas que se contrarrestan. Cuando una fuerza, por benigna que parezca, inclina la cosa hacia un extremo, la caída es inevitable. Por lo que, si ha de existir una estructura, debe ser una que proteja la existencia de todas las fuerzas (que a su vez, es la existencia del equilibrio), y no una que privilegie una fuerza particular.

No somos iguales, como dicen los eslóganes publicitarios de ciertas ONGs. Somos diferentes, y reconocer la necesidad de esas diferencias es lo que logra que el colectivo se mantenga estable. Más que darle paso a un movimiento salvador –en la política, la economía, los negocios o la sociedad— hay que darle paso a un ambiente de equilibrio.


ইউজিনিও মারটিনেজ রোড্রিগুজ ভাবছেন

January 18, 2008

Feminismo y antihembrismo

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 6:40 pm

Hay veces que aparecen movimientos contrarrevolucionarios de forma tan rápida que incluso parecen llegar primero que la revolución, lo que puede causar muchas confusiones. Con conceptos como revolución y contrarrevolución no me refiero a insurecciones armadas o violentas, sino cambios de paradigmas en la forma de ver e interpretar el mundo.

Un ejemplo de ésto es la lucha feminista y el movimiento antihembrista.

Feminismo y hembrismo:
¿Mujeres oprimidas en lucha o mujeres opresoras en dominación?

El feminismo es un movimiento social compuesto de prácticas y teorías políticas cuyo fin es promover el reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres. Hasta hace relativamente muy poco, casi todos los liberales de vanguardia hablaban de los derechos de “el hombre”, y con esto no se referían al género humano como muchas veces intentan justificar ciertos educadores. Se referían a los derechos del macho. Esta visión entendía que la naturaleza dotó al hombre de ciertas capacidades físicas y racionales que lo convertían en el agente activo de la sociedad, mientras que la mujer, más débil y emocional, servía como un agente pasivo que asiste o ayuda al hombre, en un rol secundario.

Por fortuna, unas pocas mujeres visionarias comenzaron a romper el círculo de opresión con su propia liberación, y encabezaron el movimiento de redención que hoy conocemos como feminismo. Este movimiento, en la actualidad, a alcanzado importantes avances en el mundo contemporáneo occidental. No obstante, muchas personas piensan (y me incluyo) que aún falta mucho para poder afirmar que la mujer está en igualdad de condiciones para poder desarrollarse plenamente como ser humano.

Pero el feminismo, como todo movimiento, cuenta con grupos que llevan los ideales al extremo, hasta tal punto de convertirse en lo mismo que se intenta erradicar. El feminismo puede degenerar en hembrismo, fenómeno equivalente al machismo que intenta establecer cierta superioridad y dominación de la mujer con respecto el hombre.

En Puerto Rico, veo algunas organizaciones y activistas que más que feministas, más que abogar por una igualdad o por una justicia, son hembristas, abogan la supresión de una dominación por otra. Y la equivalencia entre el machismo y el hembrismo es notable.

Miren esta nota de prensa publicada en El Nuevo Día en el 2006:

Las virtudes de razonabilidad, racionamiento, resolución de conflictos, flexibilidad y versatilidad que distinguen a las mujeres de los hombres son a su vez las cualidades que las mantienen en desventaja en la sociedad y en la crisis que vive el país, opinaron estudiosas del comportamiento humano y de asuntos de la mujer.

La mujer tiene más positivismo para lidiar y buscar soluciones, porque eso es lo que hacen todos los días. Son unas luchadoras, porque hacen varias funciones a la vez. Si le cayera a los hombres solos se morían”, opinó la demógrafa Judith Rodríguez.

De esta cita se desprende que la mujer hace un mejor uso de la razón y soluciona mejor los conflictos, y que por lo tanto, la sociedad debe estar en manos de las mujeres. Cualquier parecido con las justificaciones machistas sobre el por qué el hombre es “el que manda”, no es casualidad.

Según las visiones machistas privilegiaban el rol del padre en la familia, y metaforizaban dicho rol a niveles sociales (patriarcado) y nacionales (paternalismo), el hembrismo hace lo propio con el rol de la madre. Es de todos conocidos cómo los tribunales en Puerto Rico privilegian la función materna sobre la paterna, incluso aún en casos en que las parejas desean llegar a acuerdos de custodia compartida. Estas tendencias hembristas están amparadas, paradógicamente, en las mismas premisas machistas que decían que la mujer es de la casa y los hijos, y el hombre de la calle.

Antihembrismo: ¿A llegado su tiempo?

Ahora bien, ¿es necesario un movimiento antihembrista que luche contra esta “opresión” como algunos están empezando a abogar? ¿Qué hacer en estos casos?

Las injusticias y discriminaciones hembristas están ahí, y se cometen todos los días, pero la articulación de una respuesta organizada como el antihembrismo pudiera partir del supuesto de que las mujeres tienen “demasiados derechos”, y que por lo tanto, ya tienen incluso más que igualdad, lo cual, a mi juicio, está muy lejos de la realidad (tómese como ejemplo de esta postura de hombre/victima el artículo Hembrismo de Enrique Serna, el cual victimiza al hombre por el hecho de que la mujer está teniendo exito en el mundo laboral: “…ante su predominio en los trabajos que exigen inteligencia o destreza manual, muchos hombres empiezan a perder autoestima y a refugiarse en el alcohol y las drogas”, dice Serna.) .

¿Son estas reacciones un tanto prematuras? Y si lo son, ¿cuál es la alternativa? ¿No hacer nada? Y si no lo son, ¿cómo canalizarlas sin que sirvan de obstáculo a una lucha justa que aún no termina?

Artículo relacionado:
* La caballerosidad en el siglo XXI

January 11, 2008

El inversionista activista

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 10:46 pm

¿No sería chévere que existiera una forma de adelantar las causas en las que creemos que a la misma vez nos genere ganancias? ¿Le gustaría verdad? Y a muchos otros también. Es una demanda del mercado, y como ya se imaginarán, ya hay empresas produciendo ofertas para satisfacer esta “filantropía interesada”.

Una de estas ofertas son los fondos mutuos socialmente responsables.

Fondos Mutuos

Cómo quizás sepan, los fondos mutuos son empresas de inversión manejadas profesionalmente que invierten el dinero que le proporcionan sus miembros en una gama diversa de acciones, bonos, y otros activos. Su razón de existencia se debe a que una de las reglas básicas de las inversiones es procurar suficiente diversidad como para disminuir bastante el riesgo (lo que logran comprando de todo por nosotros). Pero, ¿en qué específicamente están invirtiendo? Podemos saber, pero sería muy difícil monitorear cada movida. ¿Podrían estar financiando, con nuestro dinero, empresas explotadoras del tercer mundo? ¿O empresas productoras de contaminantes? ¿O corporaciones promotoras del desparrame urbano? ¿O quizás a un subcontratista que explote a su fuerza laboral con sueldos de miseria y condiciones semi esclavistas? La respuesta a todas estas preguntas es la siguiente: sí. Generalmente la meta de estas inversiones es obtener ganancia y punto; la moral la dejamos en la gaveta.

Fondos mutuos socialmente responsables

Pero como hay una demanda para esa “filantropía interesada”, el libre mercado, siempre pendiente en nuestras preocupacione$, ha dado un paso al frente y le ha gritado al mundo que “otro tipo de inversión es posible”.

Para ello, como mencioné, existen los llamados fondos mutuos socialmente responsables, cuyos criterios para invertir en una institución dada, según la Investopedia, pueden incluir:

1.Su ética corporativa
2.Sus prácticas en su entorno laboral
3.Sus relación con el medio ambiente
4.La seguridad y el impacto de su producto
5.Su relación con los derechos humanos
6.Sus relaciones con la comunidad
7.Y los derechos que le reconozcan a los nativos ¿?

A través de este tipo de inversiones, podemos asegurarnos que no estemos financiando lo que después nos escandaliza cuando vemos CNN o documentales como The High Cost of Low Prices. De igual forma, estamos contribuyendo al éxito de empresas socialmente responsables. Sin embargo, aunque este es un tipo de activismo “interesado”, también implica sacrificios. Puede que lo que más dinero esté dejando en un momento dado sean los bonos del gobierno federal para financiar la compra de nuevos armamentos para invadir injustificadamente a Irán. Si sus fondos mutuos son pacifistas, sabe que le estarán generando menos dinero que el fondo mutuo promedio (¡No nos escapamos del sacrificio!).

Otras formas de activismo inversionista

Otra forma de enviar nuestro dinero a hacer un mundo mejor (mientras de paso nos trae algunas ganancias) es el llamado “Shareholder Activistm”, que podríamos traducir algo así como “inversionista activista” (¿conocen o se le ocurre un mejor término?).

La Investopedia define inversionista activista como:

Una persona que utiliza sus derechos como accionista de una corporación pública para crear cambios sociales. La mayoría de los asuntos atendidos por los accionistas activistas están relacionados con el medio ambiente y los derechos de los trabajadores.

Esta es una forma en la que los accionistas pueden influir en el comportamiento de una corporación ejerciendo sus derechos como dueños de la misma. A pesar de que los accionistas no administran las empresas públicas, hay maneras para influir en su junta directiva y gerencia. Estas pueden ir desde el diálogo con la gerencia sobre sus preocupaciones como accionista, hasta el ejercicio del voto.

En el artículo Change The World One Investment At A Time se habla de dos formas de inversionismo activista: la excluyente y la incluyente.

Inversionista activista excluyente

La excluyente se dedica a buscar las empresas cuyas acciones van en contra de nuestras creencias, para no comprarles acciones ni bonos. Esto puede brindarle un poco de coherencia a nuestras vidas, para que no nos pase como a John Locke, “el filósofo de la libertad” que tenía acciones en la Royal Africa Company, empresa que traficaba esclavos. Sin embargo, si bien es cierto que ésto nos puede hacer sentir mejor, también es cierto que no hay ninguna evidencia de que este tipo de boicot tenga algún efecto en el precio de las acciones o en las operaciones de la empresa (por eso es que el multimillonario inversionista liberal George Soros es un crítico constante del capitalismo contemporáneo, pero se niega a seguir beneficiándose de él con sus inversiones especulativas, debido a que, según él, si no invierte Soros invertirá otro y al final todo será lo mismo).

Inversionista activista incluyente

La otra forma, la incluyente, se basa en la compra de acciones en una empresa, ya sea para ejercer el voto y tratar de encaminarla a operaciones socialmente más responsables, o para apoyar económicamente las corporaciones que ya están haciendo cosas que nos agradan (como reducir la dependencia del petróleo, o auspiciar el comercio justo). Contrario al método excluyente, el método incluyente sí está probado que funciona y con un gran potencial. La conclusión del artículo es que sí, se puede influir en la dirección de una empresa (quizás más de lo que influimos en el gobierno, que no es mucho, pero bueno…) y sí, se puede apoyar e incentivar el tipo de empresas que nos agrandan y consideramos beneficiosas.

Ahora, como siempre, hay que ser consiente de las limitaciones y saber que esto no es una democracia; siempre tendrá más peso quien tenga más dinero invertido. Sin embargo, a mi juicio esto no se aleja mucho de las prácticas de políticas públicas. Es el poder económico (quizás junto al capital social) el que nos da poder político, tanto en las empresas como en el gobierno y la sociedad (quizás no nos guste, y en un futuro eso pueda cambiar, pero mientras tanto ese es nuestro presente).

Conclusión

Esta es una razón más para adoptar un estilo de vida frugal y ahorrar, porque ahorrar es crear poder. Poder que podemos usar estratégicamente en inversiones socialmente responsables.

Para más información leer:
* Using Shareholder Power: Handbook on Socially-Oriented Shareholder Activism
* Social Investment Forum
* Social Funds
* CoopAmerica: economic action for a just planet
* Citizens Funds

Artículos relacionados en Tinta Digital:
* Frugalidad: un discurso alterno al consumismo
* Bancos virtuales

January 2, 2008

Frugalidad: un discurso alterno al consumismo

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 7:26 am

Si no escribo durante estos primeros días del nuevo año, es por el bien de este blog. Porque si escribo sobre las cosas que estoy leyendo ahora (inflación, cuentas IRAs, bonos, acciones, bancos virtuales, Money market) la cosa se pudiera poner un poco aburrida por aquí. Y es que acabo de descubrir una joya de blog sobre finanzas personales: Get Rich Slowly: personal finances that make cents.

No voy a caer en lo que dije que no iba a hacer hablando de este blog, pero si escribiré sobre un concepto que acabo de descubrir en él, y que me parece la mar de interesante: la frugalidad.

Definiciones de frugalidad

Los maniáticos lingüísticos de la Real Academia Española definen frugalidad como “templanza, parquedad en la comida y la bebida”, pero esto realmente no captura el concepto como se usa en Get Rich Slowly. La versión en ingles de la Wikipedia sí lo hace; aquí va mi bien intencionada traducción:

Es un estilo de vida o sistema de creencias en el que los individuos practican la restricción del consumo, y y usan ingeniosamente sus recursos para de esta manera poder lograr metas duraderas y más satisfactorias. En una economía basada en el dinero, la frugalidad enfatiza el control sobre el gasto de dinero para lograr aspiraciones personales, familiares y comunitarias.

En primera instancia, parecería que “frugalidad” no es más que una forma elegante de llamar al modo de vida de los tacaños. Quizás se nos venga a la mente el cliché del materialista que se pasa toda la vida acumulando dinero mientras vive una infeliz vida llena de cohibiciones. Pero en realidad, la frugalidad, según lo usamos aquí, es más que eso.

Justificación de la frugalidad

Aquí va otra de mis bien intencionadas traducciones, esta vez de Get Rich Slowly:

Mantenga las grandes metas en mentes. Si adopta un estilo de vida frugal, no está siendo tacaño si compra comida barata en el mercado. No está siendo tacaño cuando no se compra un iPhone o un Nintendo Wii. No está siendo tacaño, está escogiendo una serie de valores diferentes. Está trabajando hacia una meta más grande. Usted no se está privando de su vida, está escogiendo una vida sin deudas, o siguiendo un ideal espiritual, o ahorrando para un viaje alrededor del mundo.


La lógica de la frugalidad

Según lo veo, toda persona consume básicamente por dos razones: porque necesita eso que está adquiriendo, o porque lo quiere. Lo que se necesita se necesita. Podemos ahorrar en ese consumo con una que otra técnica (de las que abundan en el mencionado blog) , pero se tiene que consumir. Ahora, el otro tipo de consumo es muy diferente. No lo necesitamos. No es obligatorio. Podemos irnos a los extremos y prescindir de él. Pero también podemos ser aún más sabios y aprender a controlarlo.

Dentro de este consumo prescindible, a su vez, podemos encontrar dos subcategorías: lo que simplemente queremos y lo que realmente queremos.

Lo que simplemente queremos es nuestro impulso consumista. Claro que quiero un bote. Sí, me gustaría aquel auto nuevo del año. ¿Cambiar el modelo de teléfono móvil cada unos cuantos meses? ¡Seguro! ¿Todos esos fabulosos utensilios de cocina que anuncian en los programas pagos de televisión? Póngalos todos por aquí. ¿Pero realmente queremos eso? ¿Ha sido nuestra ambición de toda la vida tener ese carro en específico? ¿Estás seguro que este último modelo de teléfono móvil es el que realmente satisface todos tus gustos y no el que tienes ahora? ¿Realmente eres un eterno enamorado del mar como para gastar dinero en un bote y el alquiler que conlleva guardarlo? ¿Los cortes de carnes que haces cuando cocinas son tan profesionales como para requerir esos cuchillos que te venden por “tres fáciles pagos de $39.99”?

Muy frecuentemente nos pasa que abrimos un armario en nuestras casas, y nos encontramos con una serie de cosas que apenas hemos utilizado unas cuantas veces. Están casi nuevas. Algunas se podrían llevar a la tienda y posiblemente un cliente las compre sin advertir que son usadas. ¿Qué significa esto? Que obviamente no necesitábamos estas cosas que compramos, y peor aún, ¡ni siquiera realmente las queríamos! Nuestro impulso consumista nos llevó comprarlas, nos llevo a darnos ese “gusto”, pero realmente no era un gusto real (pero si fue muy real el dinero que botamos en ello).

Todas estas pequeñas cosas que por impulso compramos sin realmente quererlas, podemos visualizarla como grandes obstáculos para obtener aquellas cosas que sí realmente queremos. ¿Es un músico aficionado y toda la vida ha queridos un modelo de su instrumento de primerísima calidad? ¿Le fascina viajar en vacaciones? ¿Gusta de los conciertos en vivo? ¿De la buena comida? ¿De vestir bien? Pues todo esto lo obtendrá en menos cantidad (o ni siquiera lo tendrá) si sigue gastando en chuchearías todos los fines de semana. Irónicamente, la verdad puede ser ésta: mientras más gaste desmedidamente, menos satisfecho estará como consumidor, pues menos tendrá para consumir lo que realmente le proporciona placer.

La frugalidad sin extremos
Además de un consumo más inteligente y satisfactorio, un estilo de vida frugal puede ser excelente para otros propósitos como la eventual creación de una empresa propia, el pago de estudios universitarios, o la jubilación. La clave para alcanzar estas grandes y satisfactorias metas, es aprender a controlar el consumo sin caer en cohibiciones que nos hagan menos felices. Es decir, si realmente le fascina ir frecuentemente a ese restaurante caro pero bueno que tanto visita, pues no deje de hacerlo. Si su pasión son los carros, el mar, o los libros, tampoco se cohíba de ello. La clave de una frugalidad sostenible, es lograr prescindir de todo consumo innecesario, de todo consumo que realmente no queremos. Yo, por ejemplo, no dejaría de comprarme libros de cuanto tema me interese. Pero el capuchino que diariamente compro en la Universidad podría eliminarlo, y eso representa un total de $300 por cada año académico, más los intereses que se generan en el banco (¡¿Por qué no hice esta reflexión antes?!).

Tácticas de frugalidad
La frugalidad puede tener niveles tan sencillos como complejos. En Get Rich Slowly hay una serie de tácticas muy ingeniosas y hasta divertidas para reducir dramáticamente nuestro nivel de consumo. Algunos ejemplos son el aprender a cosechar parte de nuestra comida en tiestos y pequeños espacios, descubrir mercados de segunda mano (que pueden ser más variados y hasta mejores en calidad), llevar nuestra propia comida a los sitios, redescubrir el maravilloso invento de la bicicleta y pasar más tiempo de óseo en la naturaleza en vez de estar rodeado de televisores y computadoras que consumen electricidad (y dinero). Hasta se plantea la frugalidad como un reto en el aspecto del entretenimiento: en vez de escoger comprar la diversión gastando en lo mismo que gastamos siempre, aceptar el reto, salir de la monotonía, y lograr la meta de pasarla mejor con menos (¿qué le parece elaborar su propia cerveza casera? ¿O que tal si en vez de ir al cine se reune con alguien y filma su propia película y luego reune a un grupo de amigos para ver el estreno mundial de su obra?)

Luego quizás escriba un poco más sobre la frugalidad. Si pasan los días, y ve que no publico más, es que no lo escribí. Recuerde que está leyendo un blog personal. Pero quizás sí lo escriba. Puede mantenerse pendiente, pero sin muchas ilusiones.

December 3, 2007

Desaprender

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 4:00 am


Me pregunto que tanto de lo que creo lo creo por convencimiento propio y no por prejuicios cognitivos o algún endoctrinamiento irracional externo. Si quitara los estereotipos que me han dado los medios de comunicación sobre el mundo, los otros tantos creados por los servicios de contra inteligencia estadounidense, los prejuicios que han arrastrado mis familiares desde la premodernidad, y los que me han transmitido “autoridades académicas” de influencia vía argumentum ad verecundiam en los últimos años: ¿quedará algo?

Supongo que aún recorderé mi nombre…aunque me dice Don Saussure que el nombre no está atado a la cosa por naturaleza. Así que me quedaría como un simple signo viviente. Bueno… pero el signo implica un significado. Entonces sería un significante.

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