Pequeñitos ante la ley
Esta semana tuve mis primeros días de clases en la Escuela de Derecho. En los tiempos que tenía libre, me fui a revisar la biblioteca. Allí se encontraban, esperando ser utilizadas, todas las leyes del país. Estantes y estantes llenos solo de leyes de Puerto Rico. Algunas revisadas, otras enmendadas, y otras derogadas. Más adelante, yacían las decisiones del Tribunal Supremo de Puerto Rico, una colección aún más voluminosa (alrededor de tres tomos del tamaño del libro de Scarano por cada año del siglo XX). Cerca de ahí, colocaron las leyes, tratados y códigos españoles, algunos de ellos (vaya usted a saber cuál) aún vigentes o pertinentes para la Isla. Al lado opuesto, estaba la colección de las leyes federales de Estados Unidos, que muchas de ellas también aplican a Puerto Rico, así como los reglamentos de entidades administrativas de Washington DC. Y, como si fuera poco, también nos topamos con los precedentes de los tribunales supremos de otros estados y territorios, así como la jurisprudencia y los estatutos de naciones caribeñas, latinoamericanas y europeas, lo cual también podría ser pertinente como elemento persuasivo a la hora de desarrollar argumentos para un caso.
Como dicen aquí, “hay ríos de tintas y bosques de papel” en contenido jurídico de todas las clases. Me pregunto si realmente es posible que un ciudadano conozca, y pueda defender, sus derechos. Es decir, de que el ciudadano promedio tiene el potencial de hacer valer sus derechos como cualquier buen abogado no tengo ninguna duda, pero todas estas municiones jurídicas no están al acceso de todo el mundo, solo se encuentran en las únicas cuatro instituciones de derecho del país (¡Dos de ellas en San Juan!), y en bases de datos carísimas de la Web. ¿Será posible que el ciudadano realmente conozca sus derechos con tanto exclusivismo? Es decir, un paciente, por lo general, nunca sabe tanto como el médico que se dedica a estudiar sus condiciones, pero al menos en el caso de la salud más o menos sabemos a dónde dirigirnos para atendernos, e incluso, con un poco de esfuerzo, podríamos velar por el buen trabajo de este profesional de la salud. Pero en el derecho ni eso, el desconocimiento es mucho más profundo, y para colmo, lo que sería simple de expresar, por tradición, ¡lo hablan en latín!
¿Habrá alguna forma de acercar todo esto a las masas? Porque el supuesto del sistema es que todo el mundo es igual ante la ley, pero si la ley solo está en unos rinconcitos, inevitablemente unos estarán más lejos que otros de tal norma. Y ya sabemos lo que pasa visualmente con lo que está lejos: se pone cada vez más pequeño mientras se aleja. Pequeñitos ante la ley…casi imperceptibles.
