Fernando Mires y los velos idealistas
Estoy leyendo el libro La rebelión permanente: las revoluciones sociales de América Latina, del historiador chileno radicado en Alemanía Fernando Mires. El autor es marxista, se le nota en cada página, pero quizás por eso me resulta tan interesante su lectura.
Este enfoque es interesante por que nos trae una perspectiva diferente a la que tradicionalmente predomina en Puerto Rico, que privilegia todo el aspecto político en cada tema, culpando al asunto colonial hasta por las caídas de los dientes de leche. Todo es somos una colonia, somos esto y somos lo otro. Pero ¿quién es realmente ese nosotros que queda implícito en el somos? ¿Existe realmente un nosotros, el pueblo de Puerto Rico? ¿Son los banqueros de Hato Rey, los campesinos de Adjuntas, los profesionales liberales de San Juan y los desempleados de Loiza parte de un solo “nosotros” con necesidades, intereses y aspiraciones similares? Pues no. Aquí las antiguas clases hacendadas establecieron el mito de una “gran familia puertorriqueña”, que aún predomina hasta la actualidad, con la única razón de posicionarse ellos como padres. Pero no. La nación está muy lejos de ser la familia extendida. Sí, aquí están nuestros familiares, amigos y conocidos, pero no hay tal cosa como un gran nosotros, o al menos no está tan definido como los discursos de muchos intentan hacer ver.
Detrás de esas ideologías abstractas por las cuales peleamos unos con otros, si descorremos el velo, hay unos intereses económicos clasistas bien definidos. Si pasó esto o no pasó lo otro, y ocurre eso y no ocurre aquello, no se debe a los sentimientos, la valentía o la cobardía de nadie, sino a esos intereses. Ramón Emeterio Betances, por ejemplo, halló la causa del fracaso del grito de Lares en una sencilla conclusión: “los puertorriqueños ricos nos han abandonado”. En un artículo anterior titulado Por qué Puerto Rico nunca se independizó, ya había mencionado esto.
En el libro, Mires habla sobre como en América Latina muchas veces esos libertadores que el romanticismo pintaba a caballo reclamando libertad y justicia no eran otra cosa que representantes de la oligarquía criolla defendiendo sus intereses económicos, al exigir menos impuestos, y reaccionar por cosas como la prohibición de la esclavización de indios y la posible movilzación social de las clases subalternas (él llega a plantear que muchas guerras de independencia fueron, en realidad, contrarevolucionarias). Otros no querían quitar a los poderosos para establecer un nuevo orden social, sino para ser ellos los poderosos (aspiraciones de ser la clase dirigente) . Sobre México, Mires señala que los indios sufrieron dos conquistas: la española, que los sometió a cierta dominación, y la criolla que terminó expropiando de manera aún más brutal sus tierras en aras del proyecto modernizador del dictador Porfirio Diaz. De hecho, estas segundas reconquistas post independencia fueron en muchos casos ultraconservadoras, hasta tal grado de que algunos proponian contratar a principes europeos para que gobernaran, o crear nuevas monarquías y nuevos imperios.
Después sigo, por que el texto tiene mucho para sacarle, pero termino diciendo que todo aquel que quiciera ver algún tipo de cambio al orden vigente, lo primero que tendría que hacer es reconocer esto, y dejar la enajenación de que todo se trata de sentimientos, orgullos, idealismos, proamericanismos, puertorriqueñismos o alguno de esos ismos. Cualquier ofensiva en busca de un escenario más justo tiene que empezar por reconocer esto. Ya se acabó la guerra fría, pero la lucha de clases sigue allí afuera.
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Dependencia, es el nombre del juego. La dependencia no es asunto de potencias imperialistas únicamente. Nuestra cultura patriarcal nacionalista surte el efecto de generar relaciones sociales (económicas, emocionales, ideológicas) de dependencia con la antigua oligarquía criolla representada en las instituciones del ELA. Los deformados procesos de producción y apropiación del valor creado que predominan en nuestra sociedad generan un “excedente” de mano de obra, una población marginal sin espacios económicos y sin poder político que es mantenida a raya y manipulada por medio de los llamados programas de asistencia social. Son los contribuyentes – en la Isla y en EEUU-, en su mayoría asalariados, los que financian los programas de asistencia social. Con frecuencia ello genera la animosidad de los contribuyentes (la llamada clase media) hacia los sectores marginados. También esta reserva de mano de obra sirve para deprimir los salarios generales, mediante la competencia y la amenaza de mano de obra sustituta como ocurre hoy en EEUU y en Europa con el asunto de los inmigrantes. Independientemente de si los sectores marginados son victimas o cómplices, el hecho es que la premisa de que unas personas deban vivir de la caridad social porque no son productivos es incorrecta e inmoral socialmente. Puede haber momentos en la vida de un ser humano en que no le sea posible aportar a la actividad económica social (por enfermedad, incapacidad, vejez avanzada, etc.). Pero en general todo ser humano tiene algo que aportar a la sociedad (o puede estar preparándose para hacerlo como es el caso de los estudiantes). Privar a la gente de la dignidad y autoestima que implica el saberse contribuyente al bien general y capaz de sufragar su existencia es- en mi opinión- el peor crimen que se comete contra un ser humano. Humillarle haciéndole creer que para validar su derecho a la existencia física necesita de la caridad social administrada por una agencia de la burocracia de gobierno es robarle su humanidad. La historia puertorriqueña de la segunda mitad del siglo 20 es la historia de como una generación tras otra de puertorriqueños (de todas las clases sociales) aprendieron a que el gobierno tiene que proveer sin importar nuestro esfuerzo individual y que para salir adelante hay que ser jaiba: pasando por incapacitado, comprando influencias, evadiendo decir lo que piensas y cuidándote de no parecer demasiado listo. Por eso también los programas de educación de la Isla han producido un “levelling down” en lugar de un “levelling up”.
Comment by Myrisa — December 9, 2007 @ 4:39 am
Si bien es cierto que la Nación no es una familia extendida; y que aquí, como en todo el Planeta, las acciones políticas no deberían ignorar la lucha de clases como principio motor, no deja de ser menos ciertos que los seres humanos en su conjunto pecan de ser, la mayoría de las veces, más emocionales que racionales. Los triunfos políticos, más que ideas intelectuales, los han provocado necesidades humanas. Entonces, ¿como generar acciones de masa desde motivaciones estrictamente racionales? Obviamente desde esa única perspectiva es prácticamente imposible. Quizás por eso Estados Unidos quiere revivir la Guerra Fría. Quizás por eso calificados enajenantes sentimientos, o ismos, son necesarios. Puerto Rico no es una sociedad homogénea y los puertorriqueños tenemos intereses diversos, pero una cosa nos une a la mayoría de los que vivimos en este archipiélago, querámoslo o no, se nos designa como puertorriqueño, y esa “marca de fábrica” genera ismos. Y esos ismos van a estar presentes y requieren consideración cuando de mover al pueblo detrás de un “propósito” se trata, aunque el propósito esté camuflado o también sus motivos reales. La lucha de clases, que dicho sencillamente no es otra cosa que intereses de clase encontrados, la mayor parte del tiempo no se percibe como conflicto a nivel cotidiano. También los intereses se extrapolan de clase en clase. Quizás ni los ricos ni los pobres de la era Betancina consideraron la independencia como opción real y por eso el fracaso de aquella lucha. Claro las mayorías no son siempre necesarias para alcanzar un objetivo. La realidad es que los Ismos, justificados o injustificados, no pueden dejarse de lado en ninguna lucha, porque el ser humano congregadamente, si no existe Dios, se lo inventa.
Comment by Sergio — January 11, 2009 @ 3:50 pm
«¿como generar acciones de masa desde motivaciones estrictamente racionales?»
El supuesto de que si una deidad, una nación, o alguna gran narrativa es imposible cualquier tipo de movilización no es cierto, y prueba de ello son las guerras y rebeliones desatadas por motivaciones clara y directamente económicas.
Ahí esta el Grito de Lares, en el que la historia dice que los insurrectos no gritaban “¡Viva Puerto Rico Libre! ¡Somos una nación! ¡Arriba nuestra nacionalidad!”, sino “¡Viva Puerto Rico Libre! y ¡Abajo los Impuestos!”. Ahí está, también, la guerra de independencia de Estados Unidos (sin nacionalidad, identidad o religión común), con el “taxation without representation” como uno de sus principales motores. Ahi está la revuelta zapatista, que ni fue teológica, ni nacionalista, y ni tan si quiera independentista. ¿Y qué de la revolución francesa? La idea de que un rey supuestamente puesto por Dios era ilegítimo: ¿Qué más racional que eso?
Yo no creo en ningún “camuflaje” o altimaña para lograr engañar para manipular a las masas. Eso solamente le sirve a los intereses de unos pocos, aquellos ilustrados que sí saben de lo que realmente se trata. En otras palabras, ese modelo es excesivamente elitista. Ya se hizo mucho al sacar a los dioses de muchos de los conflictos en occidente, pero caer en otros Ismos enajenantes con el mismo propósito y función es volver, “con camuflaje” es la Edad Media, cuando, como he dicho, ya habido conflictos no teológicos, ni nacionalistas, ni racistas.
Comment by Eugenio — January 11, 2009 @ 5:27 pm
Tampoco creo en ningún camuflaje o artimaña para lograr engañas o manipular las masas. Intento destacar que junto a los argumentos racionales, o en contra de estos siempre están presentes doctrinas enajenantes que muchas veces han frustrado las luchas de la gente, porque los seres humanos están vulnerables y propensos precisamente a la manipulación que no siempre pueden contrarrestarse con argumentos racionales. Por lo tanto estimo que también hay que apelar a la parte emotiva de los humanos. Quizás por tal razón detrás de un repudio a los impuestos estuvieron las ideas del liberalismo y los pronunciamientos emotivos a favor de libertad, fraternidad e igualdad. Porque a pesar de que se quiera erradicar los dioses siempre se inventan otros, contra los cuales hay que desarrollar antídotos racionales y emotivos. Ahí esta la lucha entre palestinos e irrealistas; lo racional es quien se queda con la tierra, lo emotivo es si Jehová le gana Alá, o viceversa.
Comment by Sergio — January 12, 2009 @ 4:08 pm
Claro que apelar a lo emotivo es un elemento necesario, pero fijate que en todos los ejemplos que mencionas, como bien reconoces, hay una razón verdadera y está su disfraz emotivo como complemento. Pero es un mero accesorio; importante, desde el punto de vista estratégico, pero no esencial.
El problema que tengo yo con cierto tipo de discurso es el que enfatiza el elemento accesorio o emotivo como razón de ser principal de una lucha, para camuflajear ciertos intereses elitistas: “hagámos esto porque todos somos puertorriqueños”, “actuemos así para defender la dignidad de nuestra nacionalidad”, etc. Eso es pura demagogia. No estoy encontra de apelar a lo emocional, pero si estoy en contrar de “camuflajear” las luchas para esconder las verdaderas ideas que se impulsan: contrario al Grito de Lares, contrario a la la independencia estadounidense, la revolución francesa e incluso contrario al conflicto palestino.
Comment by Eugenio — January 12, 2009 @ 4:55 pm