Tinta Digital

October 25, 2007

Fernando Mires y los velos idealistas

Filed under: — Eugenio Martínez Rodríguez @ 5:38 am

Estoy leyendo el libro La rebelión permanente: las revoluciones sociales de América Latina, del historiador chileno radicado en Alemanía Fernando Mires. El autor es marxista, se le nota en cada página, pero quizás por eso me resulta tan interesante su lectura.

Este enfoque es interesante por que nos trae una perspectiva diferente a la que tradicionalmente predomina en Puerto Rico, que privilegia todo el aspecto político en cada tema, culpando al asunto colonial hasta por las caídas de los dientes de leche. Todo es somos una colonia, somos esto y somos lo otro. Pero ¿quién es realmente ese nosotros que queda implícito en el somos? ¿Existe realmente un nosotros, el pueblo de Puerto Rico? ¿Son los banqueros de Hato Rey, los campesinos de Adjuntas, los profesionales liberales de San Juan y los desempleados de Loiza parte de un solo “nosotros” con necesidades, intereses y aspiraciones similares? Pues no. Aquí las antiguas clases hacendadas establecieron el mito de una “gran familia puertorriqueña”, que aún predomina hasta la actualidad, con la única razón de posicionarse ellos como padres. Pero no. La nación está muy lejos de ser la familia extendida. Sí, aquí están nuestros familiares, amigos y conocidos, pero no hay tal cosa como un gran nosotros, o al menos no está tan definido como los discursos de muchos intentan hacer ver.

Detrás de esas ideologías abstractas por las cuales peleamos unos con otros, si descorremos el velo, hay unos intereses económicos clasistas bien definidos. Si pasó esto o no pasó lo otro, y ocurre eso y no ocurre aquello, no se debe a los sentimientos, la valentía o la cobardía de nadie, sino a esos intereses. Ramón Emeterio Betances, por ejemplo, halló la causa del fracaso del grito de Lares en una sencilla conclusión: “los puertorriqueños ricos nos han abandonado”. En un artículo anterior titulado Por qué Puerto Rico nunca se independizó, ya había mencionado esto.

En el libro, Mires habla sobre como en América Latina muchas veces esos libertadores que el romanticismo pintaba a caballo reclamando libertad y justicia no eran otra cosa que representantes de la oligarquía criolla defendiendo sus intereses económicos, al exigir menos impuestos, y reaccionar por cosas como la prohibición de la esclavización de indios y la posible movilzación social de las clases subalternas (él llega a plantear que muchas guerras de independencia fueron, en realidad, contrarevolucionarias). Otros no querían quitar a los poderosos para establecer un nuevo orden social, sino para ser ellos los poderosos (aspiraciones de ser la clase dirigente) . Sobre México, Mires señala que los indios sufrieron dos conquistas: la española, que los sometió a cierta dominación, y la criolla que terminó expropiando de manera aún más brutal sus tierras en aras del proyecto modernizador del dictador Porfirio Diaz. De hecho, estas segundas reconquistas post independencia fueron en muchos casos ultraconservadoras, hasta tal grado de que algunos proponian contratar a principes europeos para que gobernaran, o crear nuevas monarquías y nuevos imperios.

Después sigo, por que el texto tiene mucho para sacarle, pero termino diciendo que todo aquel que quiciera ver algún tipo de cambio al orden vigente, lo primero que tendría que hacer es reconocer esto, y dejar la enajenación de que todo se trata de sentimientos, orgullos, idealismos, proamericanismos, puertorriqueñismos o alguno de esos ismos. Cualquier ofensiva en busca de un escenario más justo tiene que empezar por reconocer esto. Ya se acabó la guerra fría, pero la lucha de clases sigue allí afuera.

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1 Comment »

  1. Dependencia, es el nombre del juego. La dependencia no es asunto de potencias imperialistas únicamente. Nuestra cultura patriarcal nacionalista surte el efecto de generar relaciones sociales (económicas, emocionales, ideológicas) de dependencia con la antigua oligarquía criolla representada en las instituciones del ELA. Los deformados procesos de producción y apropiación del valor creado que predominan en nuestra sociedad generan un “excedente” de mano de obra, una población marginal sin espacios económicos y sin poder político que es mantenida a raya y manipulada por medio de los llamados programas de asistencia social. Son los contribuyentes – en la Isla y en EEUU-, en su mayoría asalariados, los que financian los programas de asistencia social. Con frecuencia ello genera la animosidad de los contribuyentes (la llamada clase media) hacia los sectores marginados. También esta reserva de mano de obra sirve para deprimir los salarios generales, mediante la competencia y la amenaza de mano de obra sustituta como ocurre hoy en EEUU y en Europa con el asunto de los inmigrantes. Independientemente de si los sectores marginados son victimas o cómplices, el hecho es que la premisa de que unas personas deban vivir de la caridad social porque no son productivos es incorrecta e inmoral socialmente. Puede haber momentos en la vida de un ser humano en que no le sea posible aportar a la actividad económica social (por enfermedad, incapacidad, vejez avanzada, etc.). Pero en general todo ser humano tiene algo que aportar a la sociedad (o puede estar preparándose para hacerlo como es el caso de los estudiantes). Privar a la gente de la dignidad y autoestima que implica el saberse contribuyente al bien general y capaz de sufragar su existencia es- en mi opinión- el peor crimen que se comete contra un ser humano. Humillarle haciéndole creer que para validar su derecho a la existencia física necesita de la caridad social administrada por una agencia de la burocracia de gobierno es robarle su humanidad. La historia puertorriqueña de la segunda mitad del siglo 20 es la historia de como una generación tras otra de puertorriqueños (de todas las clases sociales) aprendieron a que el gobierno tiene que proveer sin importar nuestro esfuerzo individual y que para salir adelante hay que ser jaiba: pasando por incapacitado, comprando influencias, evadiendo decir lo que piensas y cuidándote de no parecer demasiado listo. Por eso también los programas de educación de la Isla han producido un “levelling down” en lugar de un “levelling up”.

    Comment by Myrisa — December 9, 2007 @ 4:39 am

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