Tinta Digital

June 22, 2008

Ni los vemos ni nos ven

Categoría(s): — Eugenio Martínez Rodríguez @ 7:43 am

Este verano estoy leyendo Los países invisible, un texto hibrido que cabalga entre la crónica, el diario reflexivo, y el ensayo, y que trata sobre esos pueblos que, por lo poco que llaman la atención de los centros de poder, se convierten, en palabras de su creador, en “invisibles”. Su autor, Eduardo Lalo, puertorriqueño, desarrolla la tesis de que la globalización y el mundo actual entierra a países, culturas, pueblos y ciudades dentro del más oscuro silencio, un silencio imperceptible que los convierte en irrelevantes.

Si lo pensamos bien, esta verdad, aunque simple, debería dar más que pensar. Los medios de comunicación, el arte, la política, el turismo, por más globalizados que estén, se dirigen y redirigen desde y hacia los mismos puntos. El mundo entero mira a Estados Unidos. Los economistas miran a China. Las empresas de servicio a India. Los intelectuales y artistas construyen sus utopías idealizando a Europa. Posiblemente por algún familiar o amigo nos fijemos en uno que otro país vecino; quizás Cuba o República Dominicana. México nos obliga a mirarlo por el espectáculo. Y Venezuela nos entretiene con su jefe de estado en ese minuto de noticias internacionales que pasan en las noticias locales. ¿Pero qué del resto? El resto es enorme, el resto es la mayoría. Quizás por su marginación, es lo más alternativo que tengamos dentro de un mundo cada vez más marionetizado. Pero no los vemos porque, como dice Lalo, son invisibles.

Puerto Rico es incluido en esa lista de países invisibles que menciona Lalo de vez en cuando. Yo pienso que es tan invisible que ni nosotros mismos logramos vernos bien.

Según el autor, esta visión imponente, que privilegia con atención y poder a unos, y condena a la irrelevancia a otros, es fuente de conflictos. A nadie le gusta ser ignorado. La ignorancia del otro es desprecio. Es decirle que no es lo suficientemente importante como para ni tan si quiera dedicarle una mirada y tomarlo en cuenta. Y ese desprecio de la invisibilidad se acumula, hasta que explota. En ocasiones, recuerda el libro, tal explosión es literal, de la mano o el pecho de un extremista suicida que clama de la forma más insensible y cruel la atención que siente que le niegan a los suyos y lo suyo. Otra veces, las explosiones de los invisibles detonan en forma de insurrección, como la que protagonizaron los mayas zapatistas artos de ser ignorados por un México que pactaba en el extranjero a nombre de ellos, pero sin ellos y a pesar de ellos. Y en raras ocasiones, esos seres invisibles reclaman la visibilidad por la vía legal, como el caso del primer indio que llegó a ser presidente en Bolivia, o la historia del zapatero brasileño que llegó a igual puesto en su país impulsado por una alianza de marginados.

Sería muy útil que los invisibles se comprometan a mirarse. Porque es contraproducente quejarse de la invisibilidad mientras a su vez se invisibiliza a otros. La única manera de ser visibles es que otros nos vean, y otros nos ven si los vemos. Algo parecido sucedió en la Guerra Fría cuando se creó el Movimiento de Países no Alineados. Sus miembros no eran necesariamente ignorados en aquel entonces, pero les faltaba el apoyo de uno de los dos grandes bloques que se disputaban el mundo. En la actualidad, lo que falta es la visibilidad que da relevancia, sin la cual no hay atención y, por definición, democracia, y a su vez legitimidad.

No creo que esa visibilidad llegué para países como Honduras, Filipinas, Puerto Rico o Paraguay por medio de la política. Los estados nacionales son cada vez menos relevantes en un mundo planificado a su semejanza por corporaciones multinacionales. Sí creo que puede llegar a través del comercio (otro comercio, que también es posible) , pero sobre todo, la esperanza reside en los pueblos mismos que decidan y se comprometan, como ciudadanos, como identidad, como cultura, ciudad, familia o religión, a mirarse. Quizás un interés generalizado por rescatar al otro de las sombras, los haga/nos haga relevantes. Quizás esa solidaridad desde la sociedad civil, sea percibida como una demanda por el mercado, y este ofrezca una vista más inclusiva.

Nota aparte
Yo ahora voy a leer sobre Suriname, y luego sobre la Guayana Francesa. ¿Sabían que esta última es un territorio “europeo” dentro de Suramérica, ya que es un departamento de Francia? Actualmente, es el único territorio de América del Sur que no pertenece a la Unión de Países Suramericanos por que pertenece a otra unión, la Unión Europea vía Francia. ¡Qué bárbaro! ¿NO?

2 Comments »

  1. Fíjate, no he leído a Lalo pero hace un tiempo me ha dado por pensar que Uruguay es un país totalmente invisibilizado. En una época no salía de las noticias por los Tupamaros. Ahora que acaban de elegir un presidente de izquierda (con el difícil nombre de Tabaré Vázquez) nadie lo menciona entre los cambios que han ocurrido en Latinoamérica.

    Comment by Ivonne Acosta Lespier — June 23, 2008 @ 6:46 pm

  2. Cierto, lo último que creo que leí de Uruguay fue este reportaje de The Economist, diciendo que podía ser el próximo Chile (en cuanto a lo económico) sólo si se olvidaba de la justicia social.

    Comment by Eugenio Martínez Rodríguez — June 24, 2008 @ 12:52 am

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