Parresía en la antigua Grecia, según Foucault II
Nota: Esta es la segunda entrada de una serie de tres. Debe leer antes Parresía en la antigua Grecia, según Foucault I.

Parresía es una crítica que un individuo emite hacia una persona con más poder que él. En esta expresión, el individuo que se expresa tiene la libertad para decir la verdad de forma franca y directa, pero aún así corre el riesgo de sufrir las consecuencias de lo que dice. No obstante, considera que es un deber decir la verdad (estas son las características de la parresía: franqueza, subordinación, libertad, riesgo y sentido del deber).
¿Cuál es la utilidad de la parresía? La siguiente: crea un balance de poder entre el soberano y los subordinado. Esto es así debido a que el soberano no puede juzgar sus propias acciones como lo haría una tercera persona, y por lo tanto, le falta la verdad. Los subordinados si tienen esa verdad, pero le falta el poder para poder actuar de acuerdo a ella. La parresía en este escenario lo que hace que el subordinado, mediante el uso de una crítica franca, le concede la verdad al soberano, y éste, a su vez, le concede poder al subordinado mediante su participación en el discurso oficial.
Parece difícil no entender en un principio a la parresía como una especie de sinónimo de franqueza, pero en realidad se trata de algo mucho más complejo e interesante. Hay que recordar que Foucult conceptualizaba el poder como una fuerza que se ejerce diariamente a través de los discursos dominantes, y que por lo tanto, a través de la comunicación (en todas sus variantes) se ejercía el poder. Una persona a quien no se le concediera la palabra –en forma de parresía, por ejemplo— no tiene forma de participar en la conformación de ese poder (saber/poder), y por lo tanto, queda relegado a una posición parecida a la del esclavo .
Para participar de ese poder que se ejerce a través de discursos, se debe tener el uso de la comunicación (la palabra, por ejemplo). Pero a no todo el mundo se le concede el derecho de participar en la conformación de discursos. El estudio de la parresía muestra diferentes formas que adopta el poder para callar e ignorar ciertas voces.
Por ejemplo, para conseguir hacer uso de la parresía, un individuo tiene que tener una buena reputación para que la autoridad le conceda la libertad de hacer una crítica franca. Sin reputación no hay respeto ni consideración para el hablante, y por lo tanto no hay parresía (esto hace recordar las insistencias de Foucault pare que se le diera voz a los confinados, presos y excluidos, a quienes se les ignoraba por no tener reputación) . No es casualidad que en la política partidista hayan tantas difamaciones e intentos de dañar la imagen de ciertas personas. Los difamadores saben muy bien que sin reputación, la expresión de un individuo no tiene peso, y por lo tanto queda automáticamente excluido de todo poder, y se convierte en un subordinado total de este, como el esclavo. La difamación en este sentido, es casi un acto de esclavización.
También se pensaba que ciertas personas no debían tener el derecho de participar en las discusiones. Tal es el caso de los extranjeros, a quienes se les priva del uso de la parresía por no ser ciudadanos, y por lo tanto, no merecer tener un rol activo. Por ello, no es de sorprender el uso de los sentimientos de nacionalismo extremo y xenofobia de parte de algunos políticos y lideres como un intento de acallar ciertas voces que contrarias a sus intereses. La etiqueta de “extranjero”, de forma automática le niega el derecho a una persona de ejercer el poder mediante el uso de la palabra. A un extranjero, se le somete a la voluntad del saber/poder desarrollado por otros porque no “merece” participar. Su condición, por lo tanto, también es semejante a la del esclavo.
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[…] inmovilidad, bajo la premisa de ser ciudadanos de segunda categoría, o sea extranjeros. No embarde Foucault comparaba la condición del extranjero con el del esclavo. Si ni siquiera se le permite a una persona elaborar su discurso y participar del poder/saber, esta […]
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