Qué distingue al centrista del izquierdista
«Cuando alguien brega bien, encuentra el camino…logra con discernimiento
y autocontrol, evitar la violencia de la ruptura radical…supone una trama
de relaciones en que predomine la voluntad de cumplir lo prometido, de
introducir aire fresco, de humanizar los mecanismos de poder y preservar
un orden evitando las confrontaciones. Sus estrategias permiten moverse
hacia el objeto deseado con maniobras muy localizadas y sagaces con las
que se actúa en momentos críticos».
–Arcadio Díaz Quiñones, en El Arte de Bregar.
El centrismo comparte con la izquierda su valoración por el cambio. Debido a que las sociedades están continuamente cambiando sus circunstancias, los seres humanos, para poder mantener su equilibrio, deben reajustarse constantemente a dichos cambios. Lo que nos lleva a un punto de equilibrio hoy, no necesariamente será lo que nos lleve a ese punto mañana, por lo que solo con el cambio continuo el centrista ve que puede mantenerse en equilibrio. O, en otras palabras, cómo le expresó la Reina Roja a Alicia en la obra A través del espejo y lo que Alicia encontró allí: “…tienes que correr con todas tus fuerzas para permanecer en el mismo sitio”.
Los centristas no abogan por una estabilidad estática, sino que reconocen la necesidad del cambio como una parte esencial en su búsqueda del equilibrio. El centrista se ve como el trapecista en la cuerda floja, que sólo con los constantes movimientos de su barra logra mantener el equilibrio y cruzar su camino.
Conservar lo conservable
Lo que puede no compartir el centrismo con la izquierda es su rechazo excesivo a lo establecido (las llamadas propuestas radicales). El centrista enfoca sus cambios en aquellos puntos específicos que no le sirven al equilibrio, pero lo hace respetando los diferentes ambientes en los que se desarrolla (ambiente político, ambiente cultural, ambiente ecológico, ambiente económico, etc.). Por ambiente, me refiero a todas aquellas condiciones que engloban nuestra existencia en un aspecto dado; una especie de “orden natural” que no se limita a lo no humano. Cuando el centrista trabaja para el cambio utilizando el ambiente en su favor, en vez de luchando contra él, lo que hace es no afectar todas aquellas condiciones cuya conservación no representa ningún obstáculo para el equilibrio.
Propuestas centristas vs propuestas izquierdistas
Un ejemplo claro de cómo se diferencian estas aproximaciones izquierdistas y centristas lo podemos apreciar con la reciente preocupación con el calentamiento global. Propuestas izquierdistas abogan por soluciones drásticas como el detenimiento del crecimiento económico, los sacrificios de todo tipo en pro de la naturaleza, la penalización del uso de automóviles, y el desarrollo de toda una nueva conciencia ambiental para la humanidad entera (vaya tarea). Mientras tanto, los más centristas en vez de invertir energías luchando contra los ambientes económicos y culturales sobre los cuales se desarrolló la crisis ecológica, buscan actuar en armonía con esos ambientes para utilizar las mismas fuerzas que causaron la crisis como medio de solución. ¿Cómo? Incentivando la producción de productos no dañinos a la naturaleza para que estos sean más eficientes y baratos que las alternativas contaminantes. En vez de adoptar los discursos de los sacrificios personales, y abogar por cohibiciones en un primer mundo donde la tendencia es buscar más comodidad y no menos, los centristas encaminan esa frenética búsqueda por el consumo de lo mejor y lo más barato hacia las opciones más saludables para el planeta, como la energía renovable, los alimentos orgánicos, los enseres eléctricos más eficientes, la densificación de las ciudades, etc. Como el navegante que utiliza las fuerzas naturales del viento para llegar a su destino, el centrista utiliza las leyes del mercado a favor de sus propuestas, no en contra.
En resumen, el centrista busca trabajar en armonía con los diferentes ambientes sociales, lo cual le permite enfocar sus energías específicamente en los problemas que deben ser cambiados, y no en el contexto que lo rodea.
El centrismo y lo radicalmente malo
Ahora bien, hay ambientes que parecen ser radicalmente dañinos, con los cuales, por razones morales, no pareceríamos estar dispuestas a tranzar ni una coma. ¿Cómo, por ejemplo, respetar el ambiente político de un país dónde los discursos hegemónicos aboguen por el exterminio de una etnia local? ¿Cómo actuar en armonía con un ambiente religioso que busca imponer una creencia mayoritaria a las minorías? ¿Cómo respetar el esclavismo? ¿Cómo no condenar tajantemente las dictaduras?
En circunstancias extremas como esas, parecería que no hay lugar para el centro, o por lo menos no sería moral ser centristas. Sin embargo, siempre hay puntos en común, por más caóticas y trágicas que pueden ser las circunstancias. Esos puntos en común se encuentran específicamente en la razón de ser de estos movimientos, debido a que aún los más crueles abusos, imposiciones y tragedias parten de buenas intenciones. De hecho, casi todas las tragedias históricas no son más que acciones bien intencionadas pero fatalmente encaminadas. Es posible que ciertos líderes maquiavélicos no creyeran en lo que profesaban y lo único que perseguían era el poder, pero de seguro que el corazón de su movimiento –sus seguidores– sí creían profundamente que su ideal era lo correcto. O sea, detrás de la tragedia y sus promotores, hay buenas intenciones que se pueden redirigir.
Los movimientos fascistas, por ejemplo, buscaban un resurgimiento del orgullo nacional de ciertos pueblos, así como su unidad y desarrollo económico y cultural. Esas son ideas con las cuales el centro puede tranzar, sin tener que aceptar métodos autoritarios. De hecho, son esas nobles intenciones, ideas y sentimientos generales los que el centro puede encauzar hacia otro tipo de propuestas que complazcan la razón de ser de dicho ambiente social, sin caer en las nefastas consecuencias de los métodos originales.
Pero para poder encauzar estas fuerzas con las cuales parecemos estar radicalmente en oposición, se debe procurar mantener la Razón como punto de partida, y no la pasión o el fanatismo . Se debe procurar no dejar de ver la humanidad que hay en el contrario, aún cuando éste nos vea como cerdos. Esto nunca es fácil, y cuando ya es demasiado tarde, además, es imposible. Pero es el punto de equilibrio cuando aún se está a tiempo.
Nota: El próximo artículo tratará sobre las diferencias entre el centrista y el derechista. Luego de éste, se publicará otro que hará una distinción entre ser centrista y “estar en el centro”.
Este blog aún existe, gracias al altruismo de:
4 Comments »
RSS feed for comments on this post. TrackBack URI
Leave a comment
Line and paragraph breaks automatic, e-mail address never displayed, HTML allowed: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>
Excelente articulo Eugenio… soy un nuevo lector de tu Blog y el mismo ya es uno de mis favoritos!
Comment by Elliot — July 21, 2008 @ 3:48 pm
Me alegro mucho Elliot, muchas gracias.
Comment by Eugenio Martínez Rodríguez — July 21, 2008 @ 9:30 pm
Hola Eugenio:
Me parece que en este caso estas cometiendo el error que en muchas otras columnas condenas: encajonar en bloques monoliticos. Creo que hay gradientes del centrismo y del izquierdismo que se pierden aqui. Por ejemplo, me parece un poco alarmante que englobes a todas las propuestas de izquierda acerca del calentamiento global con esta frase: “soluciones drásticas como el detenimiento del crecimiento económico, los sacrificios de todo tipo en pro de la naturaleza, la penalización del uso de automóviles, y el desarrollo de toda una nueva conciencia ambiental para la humanidad entera (vaya tarea).” Que, efectivamente, haya propuestas de la izquierda de este tipo es obvio, pero no toda la izquierda es igual. Hay izquierdas moderadas, hay izquierdas radicales, hay izquierdas extremas, etc. De la misma forma hay centristas que se inclinan hacia la derecha y centristas que se inclinan hacia la izquierda.
Bueno, saludos como siempre!
Comment by Sangrando — August 8, 2008 @ 2:13 pm
Saludos Raúl
Claro que hay distintos gradientes, soy conciente de ello. Aquí lo que discuto con categorías abstractas y puras para efectos de la discusión, pero sabemos que las personas nunca entran de lleno en todas las características una sola categoría. Sin embargo, como ya dije, a pesar de este defecto inevitable que tiene el instrumento de la categorización, no deja de ser útil para hacer análisis a nivel macro.
Por ejemplo, los economistas hablan de modelos económicos llamados “competencia perfecta”, “competencia imperfecta”, “competencia monopolística”, entre otros. Ellos saben, y así lo reconocen en los libros de texto, que tales modelos, en la práctica, son inexistentes a un nivel puro e ideal (me recuerda esto el argumento clásico de Platón de que las copias del mundo real nunca serán de la misma calidad que la idea que le da su origen). No obstante, a pesar de tal inexistencia, para efectos de un análisis, es muy legítimo su uso. Si no se hubiera utilizado este tipo de “ficción” para entender la realidad, los estudios económicos posiblemente no hubieran avanzado mucho, e igual pasa con la mayoría de las disciplinas.
Lo que es ilegítimo, y eso es lo que realmente yo he criticado aquí, es que se pretenda manipular la realidad haciendo que se ajuste a las limitaciones homogéneas de las categorías. Es decir, tratar de someter a la realidad a una dictadura de las categorías, y de esta manera homogeneizarla y tratar de imponer unas purezas inexistente, eso si es condenable. Pero utilizar categorías para efectos de un análisis, no me parece que sea el mismo caso.
Sobre los distintos tipos de izquierda, centro y derecha, pues más o menos estoy de acuerdo. Pero repito, aquí trato estas categorías en su expresión más pura, abstracta y por lo tanto inexistente, para efectos del análisis. Cuando digo izquierda, me refiero a quienes abogan por cambios radicales, cuando digo derecha, me refiero a quienes abogan por conservar y reforzar lo existente, y cuando digo centro, me refiero a quien intenta hacer la mejor combinación de ambas posturas. Al igual que los modelos económicos, la categoría de, por ejemplo, el centro no existe en la práctica en un nivel puro e ideal, pero aún así nos sirve para avanzar a una meta que nunca se conseguirá, pero que vale la pena proponerse. ( Es como la utopía, que según dicen, no existe, pero sirve para avanzar) .Y si los artistas utilizan ficciones para hacernos reflexionar sobre la realidad, no veo porque se deba condenar esta antigua práctica aristotélica de categorizar por el mero hecho de ser ficción. Es ficción, pero es útil, y le ha servido bien a todas las disciplinas cuando no se abusa de ella.
Saludos, y gracias por la crítica.
Comment by Eugenio — August 8, 2008 @ 6:58 pm