Religión… ninguna

Hace poco estaba en el Centro Médico de Mayagüez, en una cita –obviamente– médica, y una enfermera me estaba tomando mi información personal. En el proceso, surgió una pregunta interesante. En realidad, no fue la pregunta en si la interesante, ni la respuesta que di, sino la reacción de la enfermera a la respuesta. Ella dijo:
–¿Cuál es tu religión?
Y yo le contesté:
–Ninguna.
La señora se detuvo ante la respuesta y me miró rara por unos segundos.
–¿Ninguna?
Entonces, sin esperar mi reiteración de la respuesta, miró a mis padres, que estaban cerca.
–Sí, ninguna—Le dije, antes de que alguien más contestara algo. Luego, volvió a fijar su mirada en el formulario que tenía de frente y siguió, al fin, con las demás preguntas.
Anteriormente solía contestar lo que miles de personas contestan por “default” o por tradición: católico. Después de todo, fui bautizado y educado dentro del catolicismo. Yo, como muchos, para salir del paso, me autodeclaraba católico no practicante. Con eso se entendía que era parte del rebaño apartado del gran pastor y que tarde o temprano, cuando envezca o tenga algún gran problema, volvería por el buen camino.
Pero la realidad es que ya ni el catolicismo ni el cristianismo en general me parecen convincentes. Creo en Dios y en un mundo trascendental más allá de lo material (aunque se me dediquen artículos pidiéndome que me una al bando de no creyentes), más no en las alegaciones con las que fui criado. ¿Así que por qué no ser honesto? Tenemos libertad de culto, después de todo. Y la libertad de culto también nos trae, según entiendo, la libertad de no tener culto, y llevar la espiritualidad según como la quieras llevar, si es que quieres llevarla.
Así que “ninguna” es la respuesta. Ni católico no practicante, ni oveja apartada, ni cordero perdido.
Por otro lado, estoy casi seguro que la reacción de la enfermera hubiera sido similar si le hubiera contestado que era espiritista, musulmán o budista. No es la palabra “ninguna” lo que hace detener a las personas en estos temas y mirarte como si fueras de otro planeta, sino el alejamiento de lo tradicional, de lo que forma parte de “nuestros valores como pueblo”, que es, en este caso, el cristianismo (en otros tiempos, era, particularmente, el catolicismo). Es la dictadura del colectivo que te dice “eres libre de ir a donde quieras, pero no te alejes mucho”. Es una regimen informal que, como decía Louis Althusser, no obliga a seguir lo establecido con aparatos opresivos (policía, ejercito, inquisición, etc.) , como se hacía en antaño, pero sí ejerce una gran presión a través de aparatos ideológicos (iglesia, escuela, familia, medios de comunicación, etc.). Una mirada extraña, un familiar enojado, otro escandalizado, una burla de tus pares o una fuerte amenaza con el infierno, al final hacen que muchos se mantengan derechitos, por el camino que su “dios manda”.
Pues no.